La relación entre los perros y las personas es muy antigua. Sin duda es uno de los animales más sociables y que mejor se comunica con el ser humano. Recientes estudios incluso han llegado a demostrar que los perros son capaces de distinguir las palabras que les decimos.

Un nuevo estudio ha puesto de relieve las similitudes genéticas entre los perros y las personas y que tienen que ver con el comportamiento social de ambas especies.

La gran capacidad para socializar que poseen los perros está directamente relacionada con cinco genes. El gran descubrimiento llevado a cabo por la Universidad sueca de Linköping es que cuatro de estos genes están relacionados con los de las personas que muestran trastornos sociales como pueden ser el Trastorno por Déficit de Atención Hiperactiva o el autismo.

Para realizar la investigación se analizó el comportamiento de 500 perros a los cuales se les presentaba un problema que debían resolver. Consistió en mostrarles un premio introducido dentro de un recipiente cerrado de forma hermética.

Muchos de los canes tendieron a buscar ayuda humana para lograr el premio. Los investigadores querían analizar la evolución del comportamiento de los perros, descendientes de los lobos. Estos últimos son animales que tienden a actuar en solitario cuando deben enfrentarse a algún problema. El perro, sin embargo, ha tendido a comportarse de otra manera con el paso del tiempo. Aquellos que buscaron ayuda en las personas para lograr su premio fueron analizados bajo la mirada del microscopio de los investigadores para encontrar esas alteraciones genéticas que pudieran corresponderse con su comportamiento social.

A partir de este descubrimiento genético, los investigadores se percataron de la correspondencia de estos genes caninos con los de las personas que sufren problemas de sociabilidad.

El cuidado de nuestras mascotas es primordial para todos los que adoramos convivir con este tipo de animales. Pero en ocasiones, gracias a investigaciones de este tipo, los perros se convierten en herramientas útiles para el cuidado de las personas. A través de ellos se pueden lograr avances en el tratamiento de ciertas enfermedades.

Quién iba a sospechar que el simple acto de, por ejemplo, jugar con los perros, podría poner al descubierto una capacidad por parte del can para relacionarse con las personas que encerraba una base genética similar a la que poseen seres humanos con problemas para socializar. Una similitud que ahora puede arrojar luz para mejorar los tratamientos destinados a este tipo de problemas.