Debido al coronavirus la lejía se ha hecho un básico de la limpieza de los hogares. Pero lo primero que tienes que saber es que la lejía no limpia, más bien desinfecta. Por eso si la utilizas para limpiar quizás estés equivocado.

La lejía es una sustancia, también conocida como cloro o lavandina. Recibe este nombre debido a la gran variedad de sustancias que, bajo una disolución acuosa, actúa como un fuerte oxidante. Suele utilizarse como desinfectante, como decolorantes y en general como solventes de materias orgánicas.

El elemento químico cloro, es la base de los blanqueadores más utilizados, por ejemplo, la solución de hipoclorito de sodio, que en disolución acuosa sólo es estable en pH básico.

El problema es que no siempre utilizamos la lejía como deberíamos en la limpieza de nuestros hogares. Nos pensamos que estamos haciendo un uso adecuado y estamos equivocados. Por eso te vamos a contar unos cuantos errores quizás estés cometiendo sin saberlo:

Hay que rebajar la lejía con agua

Si lo que buscar es desinfectar una superficie no conveniente impregnarlo en lejía directamente. Es necesario diluir con agua en una proporción de 20 ml de lejía en un litro de agua. Con eso basta para desinfectar y eliminar cualquier bacteria.

No hay que diluir la lejía en agua caliente

Si usas agua caliente para diluir la lejía, lo que sucede es que el cloro se evapora y pierde sus propiedades desinfectantes, por eso hay que utilizar siempre agua fría.

Cambia la lejía a diario

Cuando se diluye la lejía con agua, esta termina por evaporarse y pierde su eficacia al cabo de unas horas. Si dejas esta mezcla después de limpiar de un día para otro coge olores muy desagradables que encima, se quedan impregnados en las superficies y el ambiente si la reutilizas.

No usar guantes

La lejía es un producto muy fuerte y si vamos a limpiar con ella hay que ponerse guantes ya que no hacerlo puede provocar alteraciones en la piel como dermatitis, alergias o irritaciones cutáneas. Además de provocar sequedad en las manos y es muy difícil quitar su olor después.

Mezclar la lejía con otros productos

Mucho cuidado con esta práctica porque puede ser peligrosa. La lejía no debe mezclarse con amoniaco, alcohol, vinagre o cualquier otro producto de limpieza. La reacción que desencadena puede ser muy peligroso y perjudicial para la salud https://seguros.elcorteingles.es/salud.

Usas más lejía de la que debes

No por usar más lejía vas a desinfectar mejor. De hecho, usar demasiada es peligroso, ya que puedes exponerte a intoxicaciones.

Te piensas que la lejía limpia

La lejía desinfecta, pero no limpia. Es capaz de matar gérmenes, bacterias y virus, pero si además pretendes limpiar debes usar un jabón especifico. En el mercado ya es posible encontrar productos de limpieza que incluyen la lejía para lograr este doble efecto.

Limpiar las verduras dejándolas en remojo con lejía

Para desinfectar las frutas y verduras hay que rebajar mucho la mezcla de agua y lejía que para limpiar las superficies. Después de desinfectarlas hay que aclarar con abundante agua y nunca dejarlas mucho tiempo con la lejía para que no la absorban los alimentos.

Desinfectas todas las superficies con lejía

Cuidado, porque el cloro es muy corrosivo en superficies como el aluminio, el acero inoxidable, los acabados cromados y algunas superficies plásticas. Antes de usarla para limpiar ciertos materiales lee las recomendaciones del fabricante para asegurarte. Para superficies más delicadas prueba con alcohol diluido en agua.

Usarla sin ventilación

Si limpias con lejía en espacios cerrados puedes inhalarlo, lo cual puede provocar irritación en las mucosas nasales. Procura tener las ventanas abiertas cuando lo uses.

Ojo a las salpicaduras

La lejía no solo puede estropear la ropa, si entra en contacto con las mucosas puede ser muy peligroso. Manipula siempre la lejía con sumo cuidado y evita que los niños estén cerca.