El distrito de Gruyère, en Suiza, es uno de los siete distritos del cantón de Friburgo. Se encuentra a tan sólo media hora de esta ciudad y es un pueblo lleno de encanto con castillo incluido y todo.

La localidad de Gruyère, está cercana al lago que lleva el mismo nombre, que se encuentra en el centro norte del distrito. Fue declarada en 2017 el pueblo más bello del sur de Suiza por votación popular.

Este pueblo aún guarda su encanto medieval que alterna con los nuevos tiempos, se ofrece a sus visitantes en medio de una cuesta sobre una colina al pie de los Prealpes. Esta circunstancia que obliga a sus visitantes a caminar un trecho corto pendiente arriba desde el parking habilitado extramuros, ya que todo lo que rodea las murallas es de acceso peatonal o no se puede subir en coche.

Sus calles adoquinadas cuentan con una sola calle principal, que está flanqueada por sendas hileras de restaurantes con floridas terrazas que se entremezclan con los edificios del siglo XV.

Gruyères, es como un pequeño pueblo de cuento de hadas. Te sorprenderán sus pulcras calles compuestas de casitas que parecen sacadas de una tarjeta postal. Su castillo, que parece de cuento, alberga leyendas entre sus muros y todo rodeado de un paisaje sin igual de verdes valles y horizontes esculpidos muy cerca de los Alpes.

Breve historia

El nombre de esta ciudad proviene de los condes de Gruyère, que vivieron en el cantón de Friburgo a principios del siglo IX. El escudo de esta familia tenía el símbolo de la grulla heráldica, un animal del que era considerado en la Edad Media como un ave que daba a la zona en la que aparecía abundancia y riqueza.

Por este motivo, Gruyère está invadida por la grulla que se plasma en fachadas, banderas y escudos locales. Este emblema incluso corona el castillo de Gruyères, uno de los más imponentes del país. Está situado a 830 metros de altura y preside desde la colina de la ciudad que le ha dado su nombre, aunque los orígenes de esta construcción siguen siendo bastante inciertos.

Lo que sí se sabe es que, cuando el último de los condes que vivió en él se declaró en bancarrota en el año1554, el Estado de Friburgo lo adquirió y años más tarde se convirtió en un museo que existe a día de hoy y que permite, a través de un recorrido por sus instalaciones, descubrir ocho siglos de arquitectura, historia y cultura suiza.

Famosa por su gastronomía

Pero si hay algo por lo que Gruyère está puesta en el mapa mundial es por sus excelencias gastronómicas. Capitaneadas, como no, por la tradicional fondue friburguesa, mitad de queso de Gruyère y mitad Vacherín, dos de los clásicos quesos suizos, ambos con el sello AOP (Appellation d’Origine Protégée).

Precisamente, Le Gruyère AOP, es el queso suizo más consumido por los españoles, y constituye por tanto la variedad más valorada de este país. Los primeros documentos sobre su fabricación datan de principios del siglo XII, aunque existe una fábula que afirma que fue el mismísimo emperador romano Antonino Pío, que murió a causa de una indigestión del mismo nada menos que en el año 161. Por lo cual La Gruyére sería conocida ya en la época de los césares por sus peculiares vacas con manchas negras y la variedad de los bienes de sus lácteos.

La Fromagerie d’Alpage, se encuentra ubicada en una casita de madera de tejas grises del siglo XVII. Allí, los queseros, se levantan muy temprano cada día, hacia a las 04:00h, para ordeñar a sus vacas y recoger leche fresca para hacer los quesos del día. Ya en su interior, bajo la atenta mirada de los visitantes, los maestros queseros ofrecen demostraciones sobre el proceso de fabricación de estas delicias, desde que obtienen la leche hasta que terminan el queso.

Tan importante es su producción, que crea 4.500 puestos de trabajo y cuenta con casi 200 queserías. Las surten las 60 granjas ubicadas por encima de los 1.000 metros, que sólo están activas durante el estío. Este tipo de queso se fabrica en piezas circulares de 20 a 40 kilos, nada menos. Cada una de ellas, implica un consumo de 400 litros de leche y un tiempo de curación de entre 5 y 12 meses.

Y como no sólo de pan vive el hombre, ni de queso los suizos, su otra gran delicia gastronómica es el chocolate.

Al norte de Gruyère, en Broc, se encuentra una de las fábricas de chocolate suizo más conocidas de la región: Maison Cailler. Su creador, François-Louis Cailler fundó esta compañía chocolatera en 1818. Era un suizo de tan sólo 23 años, y se convirtió en el primer chocolatero del país al crear esta marca que hoy lleva su apellido, y que es la más antigua del mundo. Sin embargo, fue su nieto Alexander el que en 1898 construyó la histórica fábrica que hoy acoge miles de visitantes.

El interior de la fábrica no es apto para diabéticos. La visita nos permite hacer un recorrido interactivo en el que disfrutan niños y adultos por toda la historia del chocolate, desde su origen azteca hasta nuestros días. El visitante puede descubrir además el proceso de fabricación de cada uno de sus productos además de ver, oler y probar los diferentes tipos de habas de cacao y cada uno de los chocolates que fabrican. Vamos, todo un sueño para cualquiera.

Sin duda, en tu próximo viaje, vas a situar este pueblo, y región en el mapa porque no te la querrás perder. Te aseguramos que no te vas a arrepentir.