Todos los estudios científicos concluyen que la leche materna es la mejor opción en la alimentación del recién nacido durante los primeros meses de vida, porque cubre todas las necesidades alimenticias del bebé aunque la madre no se esté alimentando bien. No obstante, en este caso, a la larga habrá problemas. Por tanto, se debe adoptar una óptima alimentación para la lactancia.

Si se sigue una dieta muy baja en calorías o se lleva un régimen alimenticio en el que sólo se consume un grupo de alimentos (algo muy habitual cuando se está intentando adelgazar), se puede ver afectada la producción de leche, así como su calidad.

Por lo tanto, si se acaba de ser madre, alimentación y lactancia son dos términos que hay que tomarse muy en serio, pues cuando la mujer no obtiene a través de la dieta las vitaminas y nutrientes suficientes, el cuerpo "tira" de las reservas y éstas no son infinitas. A todo esto se suman las exigencias diarias del cuidado del bebé, que no se limitan sólo a darle de comer, sino que suponen un desgaste muy alto a nivel físico.

Cuando se está amamantando al bebé, muchas madres aseguran que sienten hambre. Es normal, ya que el organismo está trabajando para producir leche. Por tanto, es conveniente comer en menores cantidades pero con una frecuencia superior. No está de más tener a mano algún aperitivo saludable, lo que ayudará a mantener los niveles de energía y evitar esos momentos de necesidad. Como ejemplo, se pueden "picar" cereales integrales, alguna fruta o vegetal (siempre frescos), así como alimentos con alto grado de proteínas, calcio y hierro.

Aunque la alimentación para la lactancia debe adaptarse a cada situación, teniendo siempre en cuenta la opinión y consejo del médico o especialista en nutrición, podemos asegurar que la mayoría de las mujeres que están dando el pecho necesitan entre 200 y 500 calorías más que las que no lo hacen, lo que implica que el consumo mínimo será de entre 2.000 y 2.700 calorías por día.

Pero no hay que obsesionarse contando las calorías que se consumen, es mejor dejar que el cuerpo decida cuánto va a comer, siempre teniendo claro que dependerá del peso actual de la madre, del grado de actividad y de la frecuencia con que se da de mamar.

Eso no descarta por completo la posibilidad de perder peso controladamente, pero siempre con unas mínimas precauciones. Algunas mujeres pierden muchos kilos durante este proceso, mientras otras no consiguen nada. La clave está en hacerlo poco a poco.

Es normal que se necesiten entre 10 meses y un año para volver al peso que se tenía antes de quedar embarazada. Y sobre todo, no se debe empezar el régimen antes de que el bebé cumpla dos meses, una edad crítica en cuanto a las necesidades de leche y nutrición.

En el marco de una adecuada alimentación para la lactancia, la variedad y el equilibrio de nutrientes son los factores clave. En ella, la mezcla de hidratos de carbono, proteínas y grasas deberá ser constante. En cuanto a alimentos concretos, se pueden seguir una serie de consejos:

  • El pescado es un gran alimento, pero hay que tener cuidado con ciertas variedades. Algunos, en especial los de aguas frías, contienen ácidos grasos Omega-3 (DHA, ácido decosahexaenoico y EPA, ácido eicosapentaenoico), que son muy importantes para el desarrollo general del bebé. Por el contrario, otros tipos pueden contener contaminantes dañinos tanto para la madre como para el niño. Entre ellos están el tiburón, el pez espada, o la caballa, al igual que el atún blanco enlatado, que suele tener niveles más altos de sustancias nocivas que otras variedades enlatadas de atún.
  • No tomar alcohol o tomarlo con precaución. Éste penetra en la leche materna y puede irritar o dañar al bebé. Además, las bebidas alcohólicas afectan a la capacidad de producción de leche. Si se va a tomar de forma excepcional, es preferible esperar, al menos, dos horas antes de dar el pecho.
  • Beber mucha agua . Cuando se da de mamar al bebé, el organismo necesita ingerir una alta cantidad de líquidos. Como regla general, se debe beber siempre que se tenga sed, y tener a mano un vaso o botella cuando se esté dando el pecho. Una forma de comprobar que la hidratación del cuerpo es la adecuada consiste en vigilar el color de la orina, que siempre debe ser claro.