Nuestros sentidos, olfato, vista o gusto, nos pueden ayudar a descifrar algunos signos evidentes de deterioro de un alimento.

Hay una clara diferencia entre los alimentos contaminados, alterados, nocivos y adulterados:

  • Los alterados han sufrido de forma natural variaciones en sus características propias e incluso valor nutritivo. Sufren este cambio los alimentos perecederos.
  • Los nocivos tienen un efecto negativo para la salud del consumidor, bien en el momento de su ingesta o tras el consumo de este.
  • Los adulterados son aquellos que se han añadido o quitado de forma premeditada alguna sustancia que han modificado su composición.
  • Por último, los contaminados son aquellos que contienen bacterias o virus susceptibles de producir o transmitir enfermedades. Obviamente, estos alimentos son peligrosos ya que conllevan un efecto negativo para la salud.

Las principales fuentes de contaminación de los alimentos son: el medio ambiente, las plagas, la mala higiene de establecimientos y menaje, basura, el propio manipulador de alimentos y otros alimentos, ya que hablamos de contaminación cruzada.

¿Cómo puedo saber si un alimento está contaminado?

Hay que distinguir entre un alimento contaminado y uno deteriorado, ya que son dos conceptos distintos que afectan a la comida de forma diferente.

  • La contaminación puede provocar intoxicación (Salmonella, E.coli…) y no muestra signos visibles. La carne contaminada, por ejemplo, no tiene olores o cambios de textura, es decir, parece fresca y en buen estado. Las enfermedades transmitidas por alimentos provienen de la contaminación, no del proceso natural de descomposición.
  • En cambio, el deterioro sí suele ser visible a través de los sentidos. Es una función de la frescura (o la falta de ella). Por ejemplo, sabemos una galleta está “pasada” porque tendrá un sabor poco apetecible pero no supone un riesgo si se come. Sin embargo, un con la que carne que a simple vista tiene buen aspecto, si está contaminada y se ingiere puede suponer un riesgo para la salud porque puede provocarnos una intoxicación alimentaria.

Cuando un alimento se descompone se vuelven rancios o mohosos, y como hemos comentado, puede verse, oler o percibir por el sabor antes de que se vuelvan inseguros para comer. Es decir, sabremos que está alterado y que no se puede comer.

El moho es un claro indicador de deterioro de los alimentos. Algunos de los más comunes son Aspergillus Mucor, con capacidad para formar filamentos. En el momento en el que se aprecia el crecimiento de moho en la superficie es muy posible que haya penetrado en el interior y, por tanto, significa que está seriamente afectado. Ante la duda de si puedo o no comer el alimento afectado, el Departamento de Agricultura estadounidense (USDA), afirma que algunos productos con moho pueden consumirse si se elimina la parte afectada (los duros como quesos, peras o zanahorias). Pero en el caso de los blandos como ciertas frutas, es mejor desecharlos porque podría suponer un riesgo.

Ojo, tampoco debes usar el mismo envoltorio donde estaba el producto mohoso ya quee puede contener restos que pueden volver a contaminarlo.

Los signos evidentes de deterioro en la carne son el olor, la textura babosa y el color verde o marrón.

En el pescado fresco y el marisco, se puede apreciar en el color rojizo de los ojos y de las branquias. Por otro lado, las escamas también es un indicador de contaminación. Si las escamas se retiran con facilidad será un indicador de que la piel del pescado está blanda y, por lo tanto, no es fresco.

Respecto a los lácteos y huevos, en el caso de la leche será su color amarillento y un sabor agrio. Y en el caso de los huevos, si es fresco, lo sabremos hundiéndolo en un recipiente, pero la prueba definitiva es abriéndolo. Si la yema no se mantiene centrada de la clara quiere decir que puede que no esté en buen estado, además esta última debe ser trasparente y sin manchas.

Si encuentras una lata en mal estado debe tirarse. Si está inflada puede ser significar que existe una contaminación bacteriana debido a una esterilización inadecuada o a la presencia de poros; en este caso, las bacterias crecen y generan gas, que es el que infla la lata. Si tiene golpes, puede ser signo de contaminación química provocada por el óxido de la lata que entra en contacto con el alimento cuando se despega el esmalte que recubre la lata del interior. El consumo de alimentos en latas en mal estado aumenta el riesgo de botulismo.