La ayuda de un médico o de experto en nutrición es esencial cuando se quiere iniciar un régimen para perder kilos. Sólo ellos pueden asesorar sobre cómo hacer una dieta y asegurar, más allá de que se consiga el objetivo de la pérdida de peso, que el organismo no sufre carencias ni malnutriciones como consecuencia del cambio de rutina alimentaria.

De forma genérica, se acudirá a un dietista cuando lo que se precise sea asesoramiento en problemas menores de peso (si alguien quiere perder cinco o seis kilos para sentirse más a gusto consigo mismo y mantenerse en el correcto Índice de Masa Corporal, IMC). Por el contrario, el endocrino (por su formación como médico) es la persona adecuada para indicar una dieta en caso de problemas mayores: obesidad, alteraciones del metabolismo, etc.

En la primera visita a cualquiera de estos profesionales, ellos se tomarán su tiempo para conocer los hábitos alimentarios, el estilo de vida, etc. Todos esos datos son fundamentales a la hora de decidir cómo hacer una dieta adecuada a la persona y sus necesidades. Por ejemplo, no necesita las mismas calorías diarias una persona sedentaria que un deportista. Además, con frecuencia, la parte más importante consiste en subsanar los errores en los hábitos alimentarios del paciente (evitar picar entre horas, acostumbrarle a hacer cinco comidas al día, etc.). De ahí que sea muy importante ser sincero a la hora de reconocer las malas costumbres.

Otro elemento esencial, es el análisis de salud previo a iniciar el adelgazamiento. El endocrino o el dietista realizarán una serie de pruebas médicas para comprobar el estado general. Sobre todo, se tratará de análisis de sangre para verificar el correcto funcionamiento de los órganos vitales (el corazón, los riñones, el hígado…), así como para conocer los niveles de colesterol, triglicéridos, glucosas, transaminasas, hormona tiroidea y vitaminas.

Una vez superada esta primera fase, el especialista establecerá -conjuntamente con el paciente- unos objetivos. El asesoramiento profesional permitirá que se determine un peso final "realista", adecuado a la estructura corporal de cada uno. Además, el endocrino concienciará a la persona de que no existen métodos rápidos de adelgazamiento, sino que se trata de un proyecto a medio plazo, de meses de esfuerzo. Lo ideal es no perder más de 4 kilos mensuales. Una reducción más rápida no permitirá que el cuerpo vaya asimilando la pérdida sin reducir gasto energético.

Además, establecerá cómo hacer la dieta, es decir, las pautas de actuación durante la misma: qué comer, qué no, cómo, cuántas veces…

A lo largo del proceso, se establecerán controles periódicos en los que se analizará la evolución y se realizarán cambios si es necesario. Durante esas sesiones de control, es importante que la confianza del paciente con el dietista o médico sea total. Si se le ocultan los atracones, la dieta fallará y el profesional no podrá hacer las correcciones oportunas por falta de datos.

Una recomendación final es que, salvo en casos de necesidad para la salud, se empiece una dieta sólo cuando se esté realmente motivado para hacerla. Si la persona está pasando un mal momento emocional, si está viviendo mucho estrés o se encuentra en un periodo de cambios, lo ideal es posponerla hasta que las circunstancias sean más propicias.