Se sabe que un 12% de la población occidental sufre migrañas, y entre ella las mujeres son más propensas a sufrirla. Se trata de una afección compleja, que puede llegar a resultar muy incapacitante.

Lo cierto es que se desconoce el origen exacto de esta dolencia. Lo que sí sabemos es el resultado, aunque no en todas las personas aquejadas de migraña los síntomas aparecen de igual manera ni con la misma intensidad.

Según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), la migraña afecta a entre un 12 y un 13 por ciento de la población, lo que se traduce en que más de 5 millones de españoles la padecen. Esto la convierte en la enfermedad neurológica más prevalente en nuestro país.

Si no sabes distinguir una migraña, estas se caracterizan por un dolor de cabeza generalmente intenso, recurrente y de carácter pulsátil (como si algo “latiera” en la cabeza o “golpes de un martillo”) y que frecuentemente afecta más a un lado de la cabeza.

Este dolor a menudo va acompañado de náuseas y vómitos, sensibilidad a la luz (fotofobia) y al ruido. A veces, aunque no necesariamente en todas las ocasiones, puede ir precedido de síntomas neurológicos (sobre todo alteraciones visuales), conocidas como “auras”.

La migraña es mucho más que un dolor de cabeza. Se trata de una enfermedad neurológica muy discapacitante, que tiene una alta prevalencia, con un gran impacto en la vida de los pacientes. Sin embargo, es todavía una enfermedad infradiagnosticada e insuficientemente tratada y reconocida.

De hecho, según afirma la SEN, hasta un 25 por ciento de los pacientes que sufren migraña nunca ha consultado por su dolencia con el médico y un 50 por ciento abandona el seguimiento tras las primeras consultas. Esta situación que hace que esta enfermedad esté infratratada y que más del 50 por ciento de los pacientes se automediquen con analgésicos sin receta, lo cual puede actuar como desencadenante de la cronificación de la migraña.

Un ataque de migraña puede durar desde unas horas a varios días, y es un dolor realmente incapacitante.

Una característica común entre las personas que padecen esta afección es que no toleran bien los cambios. Se sabe que la predisposición genética es uno de los principales factores que explican por qué, ante un mismo estímulo, el cerebro de un migrañoso responde de forma diferente al de una persona que no lo es. Pero, pese a esto, aún se desconoce cuales son los genes específicos que lo provocan.

Es muy importante acudir al médico y al especialista (el neurólogo) ante la sospecha de padecer esta enfermedad, ya que un tratamiento precoz es fundamental para evitar que la enfermedad se cronifique.

Prevención

La profilaxis de la migraña se puede conseguir con tratamientos farmacológicos. Pero es fundamental identificar y evitar los factores desencadenantes, es decir, aquellos que aumentan la probabilidad de sufrir un ataque de migraña.

Los factores desencadenantes de esta dolencia pueden ser diferentes para cada persona. E incluso siendo los mismos, el umbral a partir del cual se desencadena puede ser diferente entre personas distintas.

Existen algunos factores desencadenantes que identifican los que padecen migraña como alguna de las causas del dolor, entre los que se encuentran con más frecuencia:

  • el estrés
  • saltarse alguna comida
  • los cambios climáticos
  • cambios en el patrón del sueño
  • cambios hormonales durante la menstruación y la menopausia (en el caso de las mujeres)
  • el alcohol

Identificar los factores que pueden desencadenar un ataque de migraña no es sencillo, porque en algunos casos la migraña puede aparecer hasta 24 horas más tarde. O, en algunas personas, se pueden combinar de manera simultánea varios factores que provoquen el ataque.

Si te surgen los primeros síntomas de migraña, si es posible deja de hacer tus actividades y trata de realizar alguna de estas tres cosas:

  1. Apaga las luces. Se sabe que la sobreexposición a la luz es un factor de incremento de as migrañas. Estas suelen aumentar por la sensibilidad a la luz y al sonido, así que trata de relajarte en una habitación tranquila y oscura. Si puedes dormir, mucho mejor.
  2. Prueba con el frío/calor. Para paliar el dolor y relejarte puedes ponerte compresas frías en la cabeza o el cuello. Las compresas de hielo tienen un efecto anestésico, que podría atenuar la sensación de dolor. Las compresas calientes y las almohadillas térmicas pueden relajar los músculos tensos al igual que las duchas o baños calientes, que podrían tener un efecto similar. También existen en el mercado unos antifaces fríos, que puedes guardar en tu nevera y ponértelos unos 10 minutos cuando sufras un ataque.
  3. Toma una bebida con cafeína. Se sabe que, en pequeñas cantidades, la cafeína por sí sola puede aliviar el dolor de la migraña en las primeras etapas, incluso contribuir a mejorar los efectos de alivio del dolor del paracetamol/acetaminofeno (Tylenol, etc.) y de la aspirina.

Consejos

Procura adquirir hábitos de sueño

Establece horas de sueño regulares tratando de acostarte y levantarte a la misma hora. Si haces siesta, procura que no sean largas para no afectar al sueño nocturno. Utiliza tu dormitorio como un lugar de descanso y no veas la televisión o trabajes antes de dormir. Procura hacer actividades relajantes que te lleven al sueño.

Cuida tu alimentación

Al igual que con el sueño procurar tener unas pautas de comida tratando de hacerlo siempre a la misma. No te saltes comidas, y si sospechas de algún alimento que pueda incrementar tu migraña apúntalo y consúltalo con tu médico.

Haz ejercicio

Con la actividad física el cuerpo libera ciertas sustancias químicas que bloquean las señales de dolor enviadas al cerebro. Además, la obesidad también aumenta el riesgo de sufrir dolores de cabeza crónicos, por lo que mantener un peso saludable a través del ejercicio y la dieta son una forma beneficiosa de evitar las migrañas. Caminar, nadar e ir en bicicleta son siempre buenas opciones en una intensidad moderada.

Controla el estrés

El estrés y las migrañas suelen ir de la mano. Es imposible evitar el estrés de todos los días, pero puedes controlar lo primero evitarás lo segundo. Intenta tener una actitud positiva frente a los problemas y haz actividades que te gusten para combatir el estrés. Hacer ejercicios de relajación también es una buena idea.