La tradición popular dice que una embarazada debe "comer por dos". Hoy ya se sabe que no es así, al menos no exactamente. Es cierto que la dieta de una embarazada precisa de un aporte calórico ligeramente superior al de una mujer no gestante, pero éste no es, ni mucho menos, del doble.

Se calcula que una mujer en estado consume unas 300 calorías diarias más que una que no lo esté. Es decir, y en función del trimestre en el que se encuentre, entre 2.100 y 2.400 calorías si se encuentra en reposo, o entre 2.900 y 3.050 si la mujer trabaja y además realiza las labores domésticas.

De cualquier forma, para que el embarazo trascurra de la mejor forma posible y tanto la madre como el bebé estén correctamente nutridos, no es tan importante cuánto se come sino aportar los nutrientes adecuados y en la proporción que se necesitan.

En general, se puede hablar de que la dieta de una embarazada debe ser equilibrada. La clave está en conseguir el máximo de sustancias nutritivas sin aumentar en exceso la cantidad de calorías, puesto que durante todo el proceso de gestación,  no se recomienda un aumento de peso superior a los 12 kilos. Además, es preferible comer poco y de manera frecuente, aproximadamente cada dos o tres horas.

Si los vómitos hacen su presencia durante el primer trimestre, es importante que se mantenga bien alimentada. Y, cuando cesen, se debe esperar un tiempo (una hora u hora y media) y volver a comer. Éste será el modo de evitar la desnutrición. Si es imposible retener los alimentos, se debe acudir al médico para que ayude incluso con alimentación por vía intravenosa si fuera necesario.

De cualquier forma, es importante hacer algunos apuntes relativos a algunos nutrientes que deben aportarse en mayores proporciones de las normales. Eso sí, sin olvidar que los demás tampoco deben descuidarse.

Aunque la dieta seguirá teniendo a los hidratos de carbono como nutriente con mayor presencia, a fin de proporcionar la energía necesaria para realizar las actividades diarias, durante el embarazo, las proteínas adquieren una relevancia especial. Se recomienda que entre el 15% y el 17% del aporte calórico de la dieta de la embarazada sean proteínas (aproximadamente entre un 3% y un 5% más de lo que serían en la dieta de una mujer no gestante). Las proteínas son los ladrillos que compondrán la estructura del bebé. De hecho, existen estudios que demuestran que el peso de los recién nacidos depende del correcto contenido en proteínas de la alimentación de la madre.

Al mismo tiempo, las proteínas permitirán que la madre desarrolle correctamente sus órganos, incluidos aquellos que están relacionados con el embarazo: la placenta, el útero, las mamas, etc.

Este nutriente se puede obtener de la leche, la carne y el pescado, pero también -algo que mucha gente desconoce- de las legumbres (especialmente de las lentejas y los garbanzos) y los huevos de gallina.

Vitaminas y minerales también juegan un papel importante en la dieta de la embarazada pero de ello ya se hablará extensamente en otra ocasión.

Nota: Seguir una dieta es un tema relacionado con su salud y, por tanto, debe estar supervisado en todo momento por un médico o un profesional de la nutrición.