Según una reciente investigación llevada a cabo por la Asociación Americana del Corazón, fumar deja huella en el ADN.

Si una persona ha sido fumadora de tabaco de liar o de cajetilla y abandona el hábito, su ADN puede revelar su pasado como fumador e incluso hacer que desarrolle enfermedades vinculadas al tabaquismo, muchos años después.

Esto ocurre debido a la metilación del ADN, proceso mediante el cual ciertas actividades de los genes pueden ser controlados por células y revelar información cargada de historia que podría resultar muy valiosa para desarrollar futuras terapias eficaces.

A pesar del descenso del consumo de tabaco que se ha producido en la sociedad en los últimos años, enfermedades de tipo pulmonar, cerebrovasculares o como el cáncer pueden desarrollarse en exfumadores incluso 20 o 30 años después de haber abandonado este hábito.

La mencionada investigación ha observado que la metilación de ciertas zonas del ADN de exfumadores se igualó a los niveles de las personas que nunca habían fumado. Y esto sólo ocurre en un periodo de cinco años. Sin embargo, ciertas zonas de metilación de las personas que decidieron dejar de fumar hace mucho tiempo, perduran a lo largo de los años, incluso veinte o treinta años después de haber abandonado el hábito del tabaquismo.

Estas metilaciones que perduran se presentan sobre todo en genes vinculados a enfermedades pulmonares, cáncer o cardiovasculares, asociadas al tabaquismo.

Sin duda, dejar de fumar puede reducir el riesgo de padecer cáncer o cualquier otra de las enfermedades mencionadas. A pesar de que el estudio revela que el tabaquismo deja su huella histórica en el ADN y que dicha huella puede favorecer el desarrollo de estas enfermedades muchos años después, lo cierto es que también ocurre que al abandonar el tabaco el cuerpo de una persona entra en un claro proceso de desintoxicación y curación, hasta tal punto que, tal y como ha demostrado esta investigación mencionada, la mayor parte del ADN de un exfumador iguala las metilaciones experimentadas en su ADN a los mismos niveles que presenta una persona que nunca ha fumado.

Esta es una clara señal de la gran capacidad que tiene la naturaleza humana por sobrevivir y mejorar a través de hábitos saludables que nunca es tarde empezar a implantar en nuestra rutina diaria.

Una buena dieta, el ejercicio físico y el abandono de hábitos poco saludables será una gran garantía de calidad de vida.