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¿Cuáles son las diferencias entre gastritis y gastroenteritis?

¿Cuáles son las diferencias entre gastritis y gastroenteritis? Vida Saludable

Que levante la mano quien no ha vivido alguna vez ese momento de tener la cabeza enterrada en el baño, o no poderse levantar de él en un largo rato… o a veces, ambas situaciones a la vez. Quien más, quien menos, hemos conocido las incómodas molestias de un malestar estomacal.

Es peor aún cuando te sucede en un momento particularmente molesto, como en vacaciones, cuando a veces el cambio de hábitos alimenticios o consumir agua de procedencia desconocida nos juegan malas pasadas y tenemos que pasar algunos días alejados de lo que pensábamos hacer en ese destino. Como normalmente nos ha pasado antes y los síntomas son fácilmente reconocibles, no siempre es necesario visitar al médico, pero vamos a recordar algunas diferencias entre ambas dolencias.

 

Desde el punto de vista médico,  se habla de tres términos:

- Gastritis: asociada con las náuseas y los vómitos.

- Enteritis: diarrea líquida.

- Gastroenteritis: las anteriores combinadas y simultáneas.

 

Es relativamente común tener unos u otros síntomas, y no necesariamente los de ambas a la vez.

 

En primer lugar, hablaremos rápidamente de la gastritis, que esencialmente significa "inflamación del estómago". En términos generales, hay dos tipos de esta dolencia que se ven comúnmente, y son causados o ​​por demasiado ácido o por un virus. Ambos pueden causar náuseas y vómitos, pero hay algunas formas clave de diferenciarlos.

 

Nuestro estómago está lleno de ácido, que se utiliza para descomponer los alimentos. Sin embargo, en algunas personas, un exceso de ácido puede ser provocado por ciertos alimentos o por el estrés. Esto puede producir esa característica sensación de ardor que empieza justo bajo la caja torácica y puede subir a través de tu pecho y hacer que sientas náuseas. Incluso puede producirte un sabor desagradable -a menudo metálico- en la boca, conocido como disgeusia o parageusia. La gastritis ácida y un reflujo como el que indicamos afectan al 60% de la población en algún momento de su vida.

El medicamento que usamos generalmente para esto es un inhibidor de la bomba de protones (si decimos omeprazol seguro que todos sabemos de qué estamos hablando), que reduce la cantidad de ácido producido hasta en un 70% y es uno de los medicamentos más comúnmente recetados, lo que refleja la prevalencia de esta patología. Si este es el problema que toca combatir, este tratamiento normalmente ayuda con bastante rapidez, a menudo en cuestión de horas.

 

El otro tipo de gastritis es invariablemente de origen viral. Los síntomas pueden ser muy similares, pero las náuseas y los vómitos suelen ser más pronunciados. La clave distintiva es la presencia de síntomas añadidos como fiebre (temperatura superior a 38 ° C) y escalofríos. Son estos síntomas asociados los que tienden a indicar que la infección es la principal causa, y al ser de origen viral, los antibióticos son de poca utilidad. Como el cuerpo es sabio, se ocupa de estas infecciones por sí mismo (en unas 72 horas en la mayoría de los casos), sin necesitar ninguna intervención externa.

Pero si te sientes tan mal que no puedes aguantarlo, puedes ver a tu médico, que probablemente te recete antieméticos, para erradicar -prácticamente en todos los casos- los vómitos y las náuseas, de modo que te sientas mejor mientras cursa la enfermedad y tu cuerpo trabaja para curarte. Tomar paracetamol con regularidad (que deberías poder retener después de tomarte los antieméticos) también te ayudará a bajar la temperatura y es muy importante además tratar de mantenerse adecuadamente hidratado.

 

A veces, el reflujo ácido puede ser causado por una bacteria llamada Helicobacter Pylori. Si el omeprazol no te funciona de manera rápida y eficaz, debes visitar a un médico que después de descartar otras patologías, te hará la prueba. Si esta fuera la causa de tu malestar, sería uno de los pocos casos de gastritis en los que los antibióticos podrían ayudarte.

 

La enteritis es una “pariente” algo más desagradable de la gastritis. Esencialmente se trata de un intestino irritado que causa heces abundantes, sueltas y acuosas y dolor abdominal generalizado. Suele estar provocada por una infección, que puede ser bacteriana o viral, aunque esta última es la más común. Algunas personas pueden tener fiebre y a veces padecer sudor frío. Las evacuaciones intestinales suelen ser mucho más frecuentes y muy sueltas y líquidas, asociadas con un dolor abdominal bastante espasmódico. Si tienes fiebre y síntomas como este, probablemente tengas enteritis.

Un viaje reciente al extranjero durante las últimas semanas, o algo de sangre en las heces, sugiere la posibilidad de que la causa sea una bacteria y no un virus. Muchas veces, los destinos a los que has podido ir indican qué antibióticos hay que utilizar, por lo que es súper importante asegurarse de que tu médico sepa exactamente dónde has estado.

 

La enteritis puede (y suele) causar una gran pérdida de líquidos y, por ende, de sales y electrolitos vitales para el funcionamiento de tu cuerpo, como el potasio. Se dice desde hace mucho tiempo que la Coca Cola es una excelente manera de reemplazarlos, pero los líquidos de rehidratación (los clásicos sueros de farmacia) funcionan de manera más eficiente para reequilibrar lo que pierde su cuerpo, y cada paquete contiene lo necesario y suficiente para reponer lo que se pierde con la enfermedad.

 

La gastroenteritis, simplemente, es una combinación (bastante molesta) de las dos anteriores juntas, y los tratamientos mencionados son útiles dependiendo de qué síntomas son más predominantes.

 

No hace falta decir que hay muchas medidas sencillas para ayudar a quienes padecen estos síntomas: mucho líquido para mantener la hidratación (mejor transparente -el agua es lo mejor y probablemente más tolerable, sobre todo al principio de la enfermedad-) y tomar paracetamol regularmente ayudarán a aliviar tu fiebre.

Asegúrate de lavarte bien las manos con agua tibia y jabón para evitar la propagación de cualquier infección, y si tienes un trabajo que requiere contacto humano cercano o preparación de alimentos, no vayas a trabajar hasta que hayan pasado 48 horas desde que tus síntomas se hayan terminado.

Estas últimas indicaciones están a la orden del día, y ya ves que además de ayudar en la no propagación del COVID, no es lo único para lo que son eficaces.

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