En verano, el calor nos hace sudar y provoca sed, así que no solemos olvidarnos de beber agua. Pero en invierno la cosa cambia, y muchas veces desatendemos la hidratación del cuerpo, tan fundamental para nuestro organismo, y que entre otras ayudas alivia la sequedad de la piel y fluidifica las secreciones que se producen cuando nos acatarramos. Es por ello que es tan importante hidratarse en invierno.

Durante los meses invernales, el frío, la contaminación ambiental y las calefacciones hacen que nuestra piel y vías respiratorias se resequen, dejándonos expuestos a gripes y catarros: mantener una adecuada hidratación ayuda a prevenir estas molestas afecciones y a aliviar sus síntomas. En tiempo frío, vestir ropa de fibras sintéticas o no reponer los líquidos después de una sesión de deporte también reduce nuestro nivel de hidratación.

Los ancianos, bebés y, en general, todas las personas que tengan algún problema de salud deben prestar atención especial a su hidratación para no desencadenar problemas añadidos, incluso si no sienten sed.

El agua constituye el 70% de tu cuerpo y es vital para que mantengas tu organismo a pleno rendimiento, pero la pierdes continuamente por la orina, las heces, la respiración y el sudor. Si no repones a tiempo el agua perdida, puedes empezar a notar sequedad en la piel, dolores de cabeza, falta de concentración y una falta de rendimiento físico. Se estima que una pérdida del 3% del agua del organismo es suficiente para empezar a percibir estos síntomas y poner en riesgo tu salud.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) recomienda hidratarse en invierno e ingerir 2,5 litros de agua al día para los hombres y 2 litros para las mujeres, siempre que su actividad física sea moderada y que las condiciones ambientales no sean extremas. Las necesidades aumentan si la actividad física es intensa o el clima, muy húmedo y caluroso.

Para hidratarse en invierno, una buena fuente de agua que te ayudará a preservar tu salud son las verduras de temporada, como las coliflores o los cardos. Aunque contienen menos agua que las ensaladas, son estupendas para elaborar sopas, cremas o un buen caldo. Eso sí, ten cuidado si consumes sopas o cremas preparadas, pues a menudo abusan de la sal.

Las bebidas con cafeína, como el café o el té, no tienen un efecto deshidratante por lo que pueden ser también una alternativa en los meses invernales. Sin embargo, hay que evitar las bebidas alcohólicas: contribuyen a la deshidratación al estimular la producción de orina y sudor.

La calefacción y aire acondicionado con bomba de calor tienden a resecar el ambiente, lo que afecta a piel, labios y ojos. Además, al ser la humedad ambiente baja, se tiende a perder más agua al respirar. Si notas esas molestias, puedes proteger tu salud poniendo pequeños cuencos de agua cerca de los radiadores y otras fuentes de calor o usando humidificadores.

Y si te encuentras acatarrado o febril, no descuides la hidratación. Cuando tienes fiebre, los líquidos te ayudan a regular la temperatura corporal. Además, mantener tus vías respiratorias hidratadas te ayuda a descongestionar la nariz y a eliminar el exceso de mucosidad.