Este problema es uno de los más comunes que se tratan en las consultas de los especialistas infantiles.

Sabemos que el tema de la alimentación agobia mucho a los padres, y la mayor parte sobrellevan este problema con mucha angustia, preocupados por la salud de su pequeño. Y de repente surgen las preguntas más frecuentes que nos provoca más agobio: ¿Es normal esta situación?, ¿Debo preocuparme?, ¿Debo darle vitaminas para aumentar su apetito?

Antes de plantearnos este tipo de cuestiones y llevarnos las manos a la cabeza por la alimentación de nuestro hijo, tenemos que preguntarnos realmente, ¿Qué quiere decir que un niño coma poco?

El tema de las cantidades de comida es un concepto muy relativo, porque lo que a una madre le puede parecer que su hijo come mucho a otra le puede parecer lo normal, o incluso demasiado para su hijo.

Por lo tanto, lo más importante que debemos de tener en cuenta, son las cantidades y las veces que nuestro hijo se sienta en la mesa a comer.

Tenemos que concienciarnos que la comida debe ser a demanda del niño.

Es muy posible, que el niño poco comedor esté consumiendo las calorías que realmente necesita.

Un claro ejemplo de comer a demanda son los bebés. Ellos toman el pecho cuando tienen hambre, de igual modo que los bebés que toman alimentos con fórmula.

Por lo tanto, acudir a la consulta del pediatra preguntando si 250 gramos de papilla es una buena cantidad de comida para su hijo, no tiene una respuesta válida. Todo dependerá del niño, porque para algunos será demasiada cantidad y para otros quizás sea escasa.

Por eso, lo que una madre o padre tiene que tener en cuenta es el peso y el estado de salud de su hijo y no la cantidad de comida que ingiere. Eso es lo que realmente determina el bienestar del pequeño.

¿Cuándo debemos preocuparnos si un niño come poco?

Llevamos hablando todo el artículo que “poco” es un adjetivo muy relativo dependiendo del niño, pero obviamente hay momentos donde “poco” es un problema y deberíamos de buscar ayuda de los especialistas.

¿Cuándo es verdaderamente un problema?

Si un niño está bien alimentado y consume las calorías y nutrientes necesarios a su constitución se comportará feliz, jugará con energía, estará activo, etc. Si esto le pasa a tu hijo estaremos delante de un niño que come menos de lo que su madre considera adecuado. Pero no estaremos delante de un niño desnutrido y con déficit alimenticio.

Por el contrario, deberíamos preocuparnos cuando nuestro hijo come poco y se ve afectado en su salud. Cuando su peso se ha estancado o está continuamente cansado, es cuando realmente tendríamos que consultar con un médico.

Os dejamos una serie de recomendaciones que puedes tener en cuenta con tus hijos a la hora de comer:

 

  • Comer en la mesa con la familia. Aunque parezca algo irrelevante, se recomienda que los hijos coman en familia. ¿Por qué? Muy sencillo. Los niños son propensos a imitar las conductas de los padres y la gente que hay en su entorno más cercano. Comer es un acto social donde se comparten los alimentos y muchas más cosas como contar qué tal nos ha ido el día de hoy.

 

  • Tenemos que evitar forzar al niño a comer. Si tu hijo se niega a comer más o a ingerir algún tipo de alimento que no le gusta y tú le obligas a comer puedes provocarle fobia a la comida e incluso a la hora de sentarse frente al plato.

 

  • Llenar el plato con menor cantidad. Hay que jugar con la técnica del engaño. Si tu hijo es mal comedor prueba a servirle la comida en un plato grande y que no rebose. Así evitarás que se agobie con tanta comida y que pueda tener la libertad y ganas de pedirte más.

 

  • Mezclar en el plato alimentos que le gustan y otros que no. De esta manera tu hijo no notará esos alimentos que no le gustan tanto porque hay más sabores y texturas en la misma receta. Por ejemplo, si a tu hijo no le gusta nada la cebolla y le encanta la patata, prueba a triturar la cebolla para que el niño no la vea y así facilitarle su consumo.

 

  • Que la televisión no sea imprescindible a la hora de comer. Acostumbrarles a usar las nuevas tecnologías en el momento de la comida puede ser un error a largo plazo. Los niños asociarán inconscientemente comer con ver una película o una serie y, si en algún momento no disponen de ella, no comerán con la misma facilidad. Prueba con proponerle un juego o cantar una canción, de esta manera aumentarás su creatividad e imaginación.

 

  • No castigues a tu hijo con las comidas. Es muy común el recuerdo de muchos de nosotros, cuando éramos pequeños, de nuestra madre guardando el plato de acelgas en el frigorífico y sacarlo por la noche a la hora de la cena. O la frase: ¡Hasta que no termines el plato no te levantas de la mesa! Todas estos comportamientos no son sanos para el niño. Como hemos hablado anteriormente tienes que evitar que tu hijo tenga fobia a ciertos alimentos y comportamientos.

 

  • Permite que tu hijo participe en la cocina. Convierte el momento de cocinar en una diversión para tus hijos. Deja que tus hijos huelan, toquen y se manchen en la cocina. Así se familiarizarán con la comida y les encantará ayudarte a preparar las recetas. Es aconsejable dejarles experimentar con sus sentidos frente a los alimentos. Por supuesto siempre bajo supervisión.

 

  • Presentar la comida de forma apetecible en los platos. Como si se tratara de un restaurante de diseño, convierte los platos que menos le gustan a tus hijos en un juego. Por ejemplo, si tu hijo muestra una actitud reacia a comer fruta, parte diferentes piezas de fruta y convierte el plátano y las fresas en un divertido animal. De esta forma le será mucho más apetecible comérselo.

 

  • Si tu hijo es un mal comedor evita que coma entre horas. Crea una rutina de comidas, introduciendo en cada una de ellas, todos los alimentos necesarios para que tenga un crecimiento sano y fuerte. No te rindas a darle una bolsa de chuches por la tarde para evitar un berrinche porque sino a la hora de comer de verdad se negará.

 

  • Debes de ser paciente. A la hora de comer tienes que darle su tiempo para que coma sin prisa. No debe de ser una carrera contrarreloj. Hay que respetar el ritmo de comida de cada niño. Tienen que asociarlo a algo tranquilo y divertido.

 

  • No abuses del consumo de leche. Este lácteo no es una bebida como el agua. No hay que abusar de la leche y sustituir una comida con este alimento. Un consumo excesivo de leche suele provocar anemia en los niños por la falta de hierro, provocando a su vez la disminución del apetito.