Para realizar un buen trabajo en nuestro puesto laboral, además de contar con los conocimientos imprescindibles sobre la materia que tratemos en cuestión, es necesario saber aplicarlos mientras mantenemos una actitud adecuada.

La inteligencia emocional en el trabajo tiene que ver con esa actitud. Y es que, dentro de un puesto de trabajo, existen muchos otros factores con los que debemos lidiar cada día, además de los que se refieren a las labores materiales o cognitivas propias de él. Se trata de factores que tienen que ver con el entorno laboral: la relación con los compañeros de trabajo, la comunicación con los jefes, las reuniones con clientes, los trabajos en equipo, las exposiciones en público, etc.

El mundo laboral puede generar situaciones en las que las emociones salen a flote con facilidad. La competitividad, el estrés ante la presión de jefes o fechas de entrega de proyectos, la falta de entendimiento con otros compañeros, las presentaciones en público… pueden hacer que afloren sentimientos como por ejemplo el miedo, la rabia, la frustración, la tristeza, etc. Sentimientos que, si no sabemos controlar, pueden echar por tierra nuestra buena imagen y todo el esfuerzo realizado.

Saber aplicar la inteligencia emocional en el trabajo te permitirá controlar todas esas emociones y así afrontar cada situación de una manera más satisfactoria, tanto para ti como para los demás compañeros que comparten junto a ti su día a día.

De esta forma lograrás disfrutar de un trabajo saludable en el que tu estado de ánimo no se verá afectado de una forma negativa.

¿Cómo lograrlo? Hay dos pautas fundamentales que se deben seguir:

  • Conócete a ti mismo: para poder aplicar inteligencia emocional en nuestra conducta, es fundamental conocernos a nosotros mismos y reconocer nuestros sentimientos. Sólo así seremos capaces de controlarlos. Conocer nuestras debilidades y nuestros puntos fuertes nos permitirá potenciar estos y evitar aquellas.
  • Empatía: esta cualidad nos permite ponernos en el lugar de los demás y comprender sus sentimientos. Cuanto más lo hagamos, mejor entenderemos sus reacciones y sus palabras. Esto puede evitar muchos malos entendidos.

Las emociones y los estados de ánimo son contagiosos. Una actitud alejada de la negatividad dentro de la empresa puede lograr mayores éxitos de mercado y mejor productividad de sus empleados. La inteligencia emocional en el trabajo puede lograr que los trabajadores gestionen sus emociones de forma positiva, algo que sin duda les permitirá disfrutar de un entorno laboral sano.