Las dietas de adelgazamiento, como tantas otras cuestiones, han vivido tiempos mejores y peores. Y, como las modas, en ocasiones resurgen con fuerza después de pasado un tiempo. Algo así es lo que ocurrió con la dieta disociada (popularmente conocida como la dieta de "no mezclar"). Sus orígenes se remontan a principios de siglo, cuando tomó el nombre de su creador (se conocía como dieta de Hay). Hace apenas un par de décadas tuvo otro momento de esplendor y aún hay ciertos dietistas que la recomiendan a sus pacientes.

Realmente, no hay una única dieta disociada, sino que se trata de varias que tienen como punto en común no mezclar determinados alimentos en la misma comida.

Habitualmente, los tipos de nutrientes que no pueden consumirse juntos son los hidratos de carbono y las proteínas, bajo la teoría de que al hacerlo se engorda al entorpecerse el proceso de digestión. Según los defensores de este tipo de dieta, el organismo tiene dificultad para digerir conjuntamente estos dos tipos, de ahí que las digestiones sean más pesadas y que se aumente de peso.

Las dietas disociadas  son, básicamente, de dos tipos. La originaria, la dieta de Hays, postula que lo que no se debe es tomar proteínas e hidratos en una misma comida. Pero sí se podría, por ejemplo, comer de unos y cenar de otros. Por el contrario, la otra versión, conocida como dieta de Antoine, indica que en un mismo día sólo se puede comer un único grupo de alimentos. Por ejemplo, los lunes carne, los martes verduras, los miércoles pescado…

Dentro de la dieta disociada de Hays también hay variantes, unas más estrictas que otras y cada una con sus tablas de alimentos, donde se indican qué se puede mezclar y qué no. Entre las recomendaciones adicionales para este tipo de régimen alimenticio se encuentran:

  • No tomar ningún tipo de lácteos después de las comidas.
  • No comer carne, ni hidratos de carbono después de las siete de la tarde.

La verdad es que la premisa de no mezclar es prácticamente imposible de cumplir. No hay ningún alimento que contenga un único tipo de macronutriente, sino que suelen ser una combinación de varios de ellos, aunque uno prevalezca sobre los demás en proporción.

Esta realidad es la que pone en tela de juicio la propia premisa de la dieta: Si al mezclar hidratos de carbono y proteínas las digestiones fueran malas, todas las personas tendrían permanentemente malas digestiones. Y si el problema es que no se digieren bien los nutrientes, ¿no supondría eso que la persona adelgazaría? Por el contrario, cuando el cuerpo asimila correctamente todos los componentes, ¿no debería ganarse peso? Al menos, en la teoría, parece que este tipo de dietas no se sostienen.

En cualquier caso es importante recordar que ponerse a régimen es un tema relacionado con la salud y, por tanto, debe estar supervisado en todo momento por un médico o un profesional de la nutrición.