A menudo, cuando se habla de dieta, se tiende a pensar sólo en hidratos de carbono, proteínas y grasas como nutrientes esenciales. Quizás porque la mayor parte de la gente tiene en mente la pirámide alimentaria, que se basa fundamentalmente en ellos.

Sin embargo, también hay otros elementos que el cuerpo precisa para su correcto funcionamiento, y más en un momento tan especial como es el embarazo: son los minerales y las vitaminas.

Sin vitaminas, el organismo no puede aprovechar los nutrientes que les aportan los alimentos. En especial, hay algunas vitaminas que son cruciales para el crecimiento, de ahí que sean tan importantes para la dieta en el embarazo.

Ése es el caso de la vitamina B9, más conocida como ácido fólico. Su deficiencia puede provocar problemas en el desarrollo del bebé, sobre todo en su sistema nervioso (espina bífida) y en su cerebro. Por lo tanto, muchos especialistas aconsejan tomar un suplemento de ácido fólico al menos tres meses antes de quedarse embarazada y mantener su ingesta durante el primer trimestre de la gestación.

No sólo la B9 es importante para la dieta en el embarazo. También el resto de vitaminas del grupo B son necesarias para prevenir la anemia tanto en la madre como en el niño, y así conseguir la correcta absorción de los nutrientes por parte de ambos. Una buena forma de adquirir la vitamina B necesaria es consumiendo germen de trigo o levadura de cerveza. Realmente, éste último es uno de los más completos concentrados que se pueden encontrar en la naturaleza.

Finalmente, no debe olvidarse la vitamina A, encargada de potenciar el sistema inmunológico de madre e hijo protegiéndolos de infecciones durante el embarazo y después de éste, puesto que el bebé mantiene una reserva de nutrientes adquiridos que le protegen durante los primeros días.

El papel que desempeñan los minerales también es fundamental. Sin duda, el calcio, es uno de los elementos más importantes de la dieta en el embarazo, y debe aumentarse su ingesta durante toda la gestación y durante la lactancia. En este último periodo, la cantidad de calcio que debe aportarse es prácticamente el triple de lo que necesitaría una mujer que no estuviera amamantando. El calcio es esencial para la formación de las estructuras óseas del bebé, pero también para la coagulación de la sangre y la creación de las transmisiones nerviosas. Este mineral, como ocurre con otros, debe estar siempre acompañado de una vitamina que permita su correcta absorción -en este caso, la vitamina D-.

El hierro es el mineral que ayudará a evitar la anemia en la gestante y el bebé. El principal inconveniente es que la comida por sí sola, por muy bien seleccionada que esté, no es capaz de aportar a la embarazada todo el hierro que necesitará -especialmente en el tercer trimestre-. Por ello, es casi imprescindible tomar un suplemento de este mineral.

El último, pero no menos importante de los minerales que se va a enumerar, es el potasio, indispensable para la contracción de los músculos (incluidos los músculos cardiacos que hacen latir al corazón) y la trasmisión de los impulsos nerviosos.

Evidentemente, una buena alimentación no asegura al 100% el nacimiento de un niño sano, pero aumenta las posibilidades de que lo esté de forma significativa.

Nota: Una dieta es un tema relacionado con tu salud y por tanto debes estar supervisado en todo momento por un médico o un profesional de la nutrición.