Cuando se habla de una incorrecta nutrición o alimentación, generalmente se vincula a una mala salud, y eso no implica sólo a las personas delgadas, sino también a las que tienen sobrepeso.

La malnutrición se manifiesta cuando el organismo no realiza una ingesta de los alimentos adecuados, y no es capaz de satisfacer las demandas que tiene diariamente. Comienzan entonces, a mostrar irregularidades en el crecimiento y en algunas funciones.

En los niños, una mala alimentación puede crear déficit de atención, ansiedad, frustración y falta de comunicación. Estos problemas se añaden generalmente a los daños que los azúcares, aditivos y grasas producen en el cuerpo, productos todos ellos contenidos en la llamada "comida basura", y que pueden derivar en patologías del sistema coronario.

Según la OMS, algunos alimentos como las hamburguesas, los cereales "industriales", y las golosinas añaden a la dieta más nutrientes "negativos" de los saludablemente recomendados, lo que al final se refleja en un alto incremento de la obesidad infantil, diabetes y caries dentales.

Por tanto, y este es un mensaje para los padres, es de suma importancia evitar la mala alimentación en los niños, así como orientar sus hábitos de consumo hacia dietas saludables basadas en alimentos naturales que permitan un equilibrio entre proteínas, vitaminas y grasas. En definitiva, se trata de evitar una dieta cargada de calorías.

Algunas prácticas como obligar a comer más de lo que el niño quiere, premiar algunos comportamientos con golosinas, o los castigos con la supresión de alguna comida pueden acarrear problemas en el futuro, como bulimia, anorexia, o la ya comentada obesidad.

Otra acción que también se debe evitar es saltarse las comidas programadas del día (desayuno, almuerzo y cena), que además deben realizarse siempre a una misma hora y contener variedad y equilibrio de carnes, verduras y frutas. El agua debe ser la bebida habitual de los niños, ya que no contiene calorías ni otros elementos indeseables para una dieta saludable.

Es necesario extremar la atención, pues a veces se está realizando una mala alimentación pero ésta no presenta síntomas ni su desequilibrio es notorio. Al no existir un "chivato" que avise se puede ocasionar la pérdida de masa muscular, que el niño esté siempre cansado, o incluso confuso.

Los problemas en la visión, las dermatitis, eccemas o patologías en la piel pueden ser un síntoma de que algo no funciona bien, y ser la alimentación una de las causas. El médico puede ayudar a través de un diagnóstico correcto, y establecer las futuras bases de una buena dieta, sin olvidar la práctica del ejercicio físico.

Si es necesario, todo lo anterior se puede acompañar de algún complejo vitamínico para compensar posibles déficits, pero es de suma importancia que estos suplementos sean recetados por un médico o, en su defecto, aconsejados por un farmacéutico.

Aun así, una mala alimentación no se debe suplir con un uso excesivo de estos sustitutos vitamínicos, pues pueden provocar una ingesta excesiva de calorías y, por tanto, un aumento de peso. Además, tomar altas dosis de vitaminas y minerales acaba propiciando una acumulación excesiva en el organismo, especialmente de las vitaminas A y D, que usan el hígado como almacén.