Solo en España se producen en torno a 20.000 muertes prematuras vinculadas directamente con la contaminación. Y es que, según datos de Ecologistas en Acción, en 2013 el 95,2% de los españoles (44,85 millones de personas) estuvimos expuestos a concentraciones de polución por encima de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En concreto, se produjeron 19.940 muertes por afecciones derivadas de la contaminación del aire, una cifra que representa 12 veces más que los accidentes de tráfico. No obstante, respirar aire sucio empeora dramáticamente nuestra salud cardiovascular y respiratoria. Además, la polución fue incluida por la OMS en el grupo 1 (el más alto de la escala) de sustancias que provocan cáncer.

Para la organización el origen del problema en las ciudades, se debe sobre todo al tráfico rodado y también, aunque en menor medida, a las calefacciones y el tráfico marítimo y aéreo. En determinadas regiones puede también resultar relevante el problema causado por determinadas industrias, centrales energéticas (térmicas y de ciclo combinado), refinerías e incineradoras; sin olvidar el aporte causado por algunas fuentes naturales de cierta importancia.

Mientras, en las áreas suburbanas y rurales el problema se debe a las transformaciones químicas de los contaminantes originales emitidos por el tráfico urbano y las industrias para formar otros secundarios como el ozono, de manera que hoy en día no hay apenas territorios libres de contaminación atmosférica.

El informe de Ecologistas en Acción incluye una batería de propuestas para reducir la contaminación del aire, que pasan por la reducción del tráfico motorizado en las áreas metropolitanas, disminuyendo la necesidad de movilidad con un urbanismo de proximidad y potenciando en las ciudades el transporte público (en especial el eléctrico) y los medios no motorizados como la bicicleta o el tránsito peatonal. Asimismo se propone desincentivar el uso de las carreteras, limitando la construcción de autovías y autopistas y reducir los límites máximos de velocidad de 120 a 90 kilómetros por hora.

Finalmente, se aboga por lograr una "reconversión ecológica" del transporte interurbano desde la carretera a un ferrocarril convencional mejorado y socialmente accesible; la recuperación de los estímulos para la generación eléctrica renovable, en sustitución de las centrales termoeléctricas a partir de combustibles fósiles; y la adopción generalizada de las mejores tecnologías industriales disponibles para la reducción de la contaminación.