Proteger nuestra salud depende, entre otros muchos factores, de una dieta sana. Alimentarnos bien es un hábito que debemos adquirir desde pequeños. En este sentido los adultos y las instituciones que trabajan con los más pequeños juegan un importante papel.

Pero también los medios de comunicación y los mensajes que lanzan a través de sus publicidades deben prestar especial atención a aquellos que van dirigidos a los niños y adolescentes. Estos se encuentran en una edad en la que aún son altamente influenciables y aún no distinguen qué es bueno o malo para su salud.

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) es plenamente consciente del problema que está generando este tipo de publicidad en la población infantil. Esta Organización ha detectado que ha existido un crecimiento paralelo en los últimos años de la obesidad en este sector de la sociedad y de la publicidad de alimentos poco saludables dirigida a niños.

El dato no puede ser casual. Para reducir el consumo de azúcar en niños, a través de bollería industrial, o el de comida rápida, los padres deben implicarse, claro está, en la educación nutricional de sus hijos. Pero también es cierto que para un niño puede resultar irresistible desear algo que de manera frecuente le entra por los ojos a través de atractivas publicidades de alimentos poco saludables como estos.

La Organización de Consumidores y Usuarios considera que debe existir una regulación estricta con respecto a la publicidad de alimentos poco saludables dirigidos a menores.

La OCU denuncia el último convenio firmado por las autoridades competentes y que se refiere al Código de Autorregulación de la Publicidad de Alimentos, que fue creado por la Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas. Dicho código desarrolla una serie de reglas y normas dirigidas a los desarrolladores de publicidad. En la última firma de este convenio no se incluyen normas que hagan referencia a la calidad nutricional de los alimentos publicitarios ni a posibles sanciones por publicitar los que carecen de dicha calidad.

La OCU solicita a los gobernantes e instituciones competentes, que atajen el descontrol que este hecho ha generado en el contenido publicitario dirigido a niños en materia de alimentación. Las exigencias en dicho contenido y las sanciones deben ser mucho más estrictas.

Comer sano es el mejor seguro de vida. La educación nutricional de los menores es su garantía de una futura calidad de vida. Algo en lo que todos los adultos del entorno social del menor deben implicarse.