Cada 24 de octubre se conmemora, a nivel mundial, el Día Internacional contra el Cambio Climático. Fue instaurado por la ONU debido a los grandes estragos que están causando en nuestro el planeta el cambio climático.

¿Qué es el cambio climático?

El cambio climático es el mayor desafío de nuestro tiempo. Los gases de efecto invernadero (GEI) se producen de manera natural y son esenciales para la supervivencia de los seres humanos y otros seres vivos ya que, al impedir que parte del calor del sol se propague hacia el espacio, hacen la Tierra habitable.

Sin embargo, después de más de un siglo y medio de industrialización, deforestación y agricultura a gran escala, las cantidades de gases de efecto invernadero en la atmósfera se han incrementado en niveles nunca antes vistos.

Debido a la concentración actual y a las continuas emisiones de gases de efecto invernadero, es probable que a finales de este siglo la temperatura media mundial continúe creciendo por encima del nivel preindustrial.

Esto supondrá que los océanos se calentarán y el deshielo continuará. Se estima que el aumento del nivel medio del mar será de entre 24 y 30 centímetros para 2065 y de 40 a 63 centímetros para 2100 en relación al periodo de referencia de 1986-2005. La mayoría de los efectos del cambio climático persistirán durante muchos siglos, incluso si se detienen las emisiones.

Por este motivo, la concienciación es fundamental para salvar a nuestro planeta, y es importante que, con pequeños gestos, hagamos un esfuerzo, que puede cambiar nuestro entorno.

¿Qué puedo hacer yo?

Desde tu casa y tu entorno puedes hacer pequeños gestos que contribuyen a mejorar nuestro planeta. Si no sabes por donde empezar, toma nota:

Reduce envases. No debes quedarte sólo en el paso de reciclar. Para ello hay que empezar a reducir la cantidad de basura que generamos. Puedes comprar productos a granel minimizando así los desechos hasta aproximadamente en un 80%. Lleva tu propia bolsa de la compra de tela.

Usa reutilizables. Vuelve a las servilletas y los pañuelos de tela, los paños de cocina, o a las maquinillas de afeitar metálicas.

Intenta reutilizar. Que tengas que reducir el plástico que utilizas no implica que te deshagas de todo de golpe, usalos mientras sean útiles y, a medida que se vayan estropeando, sustitúyelos por otros biodegradables.

Pon más plantas en tu vida. Algunas plantas son capaces de limpiar la atmósfera doméstica de los cinco contaminantes más comunes: benceno, xileno, amoníaco, tricloroetileno y formaldehido. Las más eficaces son especies tan comunes como el poto, las cintas, el ficus o la palmera de bambú.

Reparar antes de tirar. Plantéate si algo tiene arreglo antes de reemplazar un objeto roto. Si la compra es necesaria, la opción de adquirirla de segunda mano alarga la vida de ropa, muebles y electrodomésticos que ya no son útiles para otras personas.

Regula la temperatura. Tanto para la calefacción como la el aire acondicionado, cada grado más representa un 6% de extra de gasto energético. En invierno, la temperatura aconsejable es de 21 ºC.

Plancha más prendas de golpe. Una hora de plancha consume lo mismo que 10 horas de televisión. Si eres de los que acostumbran a planchar cada día una prenda que se va a poner, contribuyes a un mayor consumo de energía. Lo más eficiente es acumular una buena cantidad de ropa y hacerlo todo de una sola vez.

Tiende la ropa en vez de usar la secadora. Úsala solo cuando sea realmente imprescindible. Este electrodoméstico es un consumidor de energía, de hecho, un hogar de cuatro personas gasta 480 kWh y produce 300 kg de CO2 al año.

Usa toallitas biodegradables. Si puedes dejar de usarlas por completo, mucho mejor. Pero si no puedes prescindir de ellas, usa las biodegradables. Eso sí nunca, bajo ningún concepto, las tires al inodoro.

Pásate al bambú. El bambú es una tendencia en alza, y muy útil sí tienes que reponer peines, cepillos, brochas de maquillaje o cepillos de dientes ya que es un material antibacteriano y biodegradable.