La osteopenia indica una disminución leve de la densidad mineral ósea de los huesos por debajo de la media correspondiente a cada edad y, aunque no está considerada como enfermedad grave, en muchos casos se ha demostrado que quien la padece tiene más posibilidades de sufrir osteoporosis en el futuro.

Los huesos están en constante evolución y hasta mediana edad no dejamos de producir y desarrollar células nuevas llamadas osteoblastos. Al mismo tiempo, nuestro cuerpo absorbe nuevamente las células antiguas, denominadas osteoclastos, desechándolas.

La buena salud de los huesos se basa, por tanto, en el equilibrio óptimo entre osteoblastos (células nuevas) y osteoclastos (células viejas). Ahora bien, los problemas ocurren a medida que:

  • Las células nuevas disminuyen con la edad.
  • Las células antiguas aumentan con la edad

Por tanto, se rompe el equilibro dando lugar una desmineralización de la densidad ósea y generando, en la mayoría de los casos, la osteopenia. Un sujeto padece osteopenia cuando la densidad mineral está entre el 1% y el 2,4%.

Está demostrado que, una mujer en edad de menopausia, con la piel blanca y de estatura más baja que la media, tiene mayor riesgo de padecer osteopenia que una mujer de misma edad pero con otras características. Los hombres también pueden ser achacados cuando comienza a caer la producción de testosterona. A diferencia de las mujeres, la edad en la que suele aparecer en los hombres es más tardía, alrededor de los 60 años. Los factores hereditarios también influyen considerablemente en la aparición así como elementos externos como, por ejemplo, fumar.

Este tipo de dolencias de los huesos no se pueden curar, pero sí se pueden prevenir llevando un estilo de vida saludable, habiendo tomado un correcto consumo de calcio durante la infancia y juventud, no fumando ni tomando alcohol, etc. Los deportes acuáticos son muy recomendados para estos casos ya que suelen ayuda a ralentizar el avance en oposición a deportes bruscos para los huesos como salir a correr.

La osteopenia no es dolorosa ni suele dar lugar a síntomas de ningún tipo. Normalmente, cuando se tiene constancia de ella es cuando ya hay síntomas más graves a consecuencia de la osteoporosis: dolores, huesos rotos a menudo, curvaturas…

El médico valorará el nivel realizando pruebas como, por ejemplo, una absorciometría de rayos X de energía dual, DEXA. Existen seguros de salud que incluyen pruebas de este tipo así como para favorecer el diagnóstico y tratamiento posterior.