Fumar tabaco es la principal causa del cáncer de pulmón. Una enfermedad responsable de más de dos tercios de las muertes por este motivo en todo el mundo. Pero este vicio tan nocivo no solo aumenta los riesgos de padecer cáncer, la exposición al humo de tabaco ajeno en el hogar o en el puesto de trabajo también aumenta los riesgos.

En España el tabaco es la segunda sustancia psicoactiva más extendida entre la población causando más de 50.000 muertes al año, lo que se traduce en un 13 % del total de todas las muertes. Alrededor de un cuarto de los españoles afirma que fuma a diario y unas 250.000 las personas dicen haberlo hecho en el último año.

Cada 31 de mayo se celebra el ‘Día mundial sin tabaco’, un día elegido por la Organización Mundial de Salud (OMS) para concienciar sobre los efectos letales y nocivos que tiene esta sustancia en la salud.

Sin embargo, a pesar de que la sociedad está mucho más concienciada que hace años, sigue resultando un producto muy atractivo entre la juventud. De hecho, la mayoría de los nuevos fumadores tiene menos de 25 años.

Efectos del tabaco en la salud

Como hemos mencionado fumar no solo incrementa el riesgo de tener cáncer de pulmón, sino que también es un factor de riesgo para los cánceres de:

  • Boca
  • Laringe
  • Faringe (garganta)
  • Esófago
  • Riñón
  • Cuello uterino
  • Hígado
  • Vejiga
  • Páncreas
  • Estómago
  • Colon y recto
  • Leucemia mieloide

Otra de las enfermedades que principalmente causa el tabaquismo es la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica, conocida como EPOC. Esta dolencia es crónica y afecta gravemente a las vías aéreas.

La EPOC, es un trastorno respiratorio, que se caracteriza por la dificultad crónica del paso del aire por los bronquios. Esta enfermedad, que en la actualidad no tiene cura, consiste en una inflamación crónica de la mucosa bronquial que hace que se produzca un moco, que es anómalo, lo que lleva a una obstrucción de las vías aéreas. Como consecuencia de esto, se impide la oxigenación del organismo y de la sangre de forma adecuada. Actualmente no tiene cura y lo único que puede “frenarlo” es dejar de fumar.

La bronquitis crónica es otra de las enfermedades causadas por el consumo de tabaco, que se caracteriza por un exceso de mucosidad producida por las vías respiratorias lo que obliga a la persona a toser para expulsarla. Éste es un problema común para los fumadores.

Las vías respiratorias se inflaman y la tos se cronifica, y aunque los síntomas en ocasiones parecen mejorar, la tos suele regresar. Con el tiempo, las vías respiratorias se obstruyen por tejido cicatrizado y mucosidades, lo que puede derivar en otras infecciones pulmonares graves como la neumonía.

Esta enfermedad tampoco tiene cura, pero dejar de fumar puede ayudar a mantener los síntomas bajo control. Además, se evita que el daño ocasionado por la enfermedad empeore.

El enfisema es otra de las dolencias que causa el tabaco y se caracteriza porque poco a poco destruye la capacidad de una persona para respirar. Un pulmón sano contiene millones de diminutos sacos que ayudan a que el oxígeno llegue a la sangre. Cuando se produce un enfisema en estos órganos las paredes entre los sacos se desintegran y crean sacos más grandes, pero en menor medida. Lo que origina esto es que la cantidad de oxígeno que llega a la sangre se disminuya.

A la larga estos sacos se afectan tanto que una persona que padece enfisema debe esforzarse en exceso para poder obtener suficiente oxígeno, incluso sin realizar ninguna actividad alguna.

Las personas que tienen enfisema tienen mayor riesgo de padecer más enfermedades que causan una función pulmonar deficiente, como la pulmonía. En las etapas más avanzadas de la enfermedad, los pacientes necesitan para respirar sin malestar la ayuda de un tubo de oxígeno.

El enfisema no es curable ni reversible, pero puede ser tratado y aliviado si la persona deja de fumar.

Cómo afecta el tabaco al corazón y los vasos sanguíneos

El hábito de fumar también es responsable de causar daños al corazón y a los vasos sanguíneos (sistema cardiovascular), ya que incrementa el riesgo de sufrir una cardiopatía y accidente cerebrovascular, como un ICTUS. De hecho, puede provocar una enfermedad coronaria, que puede derivar en un ataque al corazón.

De la misma forma, el tabaco causa hipertensión arterial, reduce su capacidad para ejercitarse y aumenta la probabilidad de coagulación de la sangre, además de disminuir los niveles del colesterol HDL (bueno) en la sangre.

También es un factor de riesgo para sufrir la enfermedad arterial periférica (PAD), una dolencia que provoca que se acumule placa en las arterias que llevan sangre a la cabeza, los órganos y las extremidades. Todo ello aumenta el riesgo de padecer enfermedades del corazón, ataques cardíacos y accidente cerebrovascular.

Fumar puede causar o empeorar la pobre circulación de la sangre en los brazos y las piernas (enfermedad vascular periférica o PVD). Padecerlo puede causar dolor en las piernas al caminar, o incluso generar que ciertas llagas abiertas no sanen. Este problema se puede solucionar mediante cirugía para mejorar la circulación sanguínea, pero no suele ser eficaz en aquellas personas que siguen fumando.

Para evitar que los riesgos derivados del consumo de tabaco, desde la Sociedad Española de Epidemiología recomiendan “proteger de la exposición a terceras personas principalmente niños, personas enfermas y mayores; prohibir el consumo de tabaco el lugares públicos y privados como parques, estadios deportivos y vehículos con niños y promover acciones entre padres y madres para proteger su propia salud y la de sus hijos”.