Hace poco, en el artículo dedicado a las diferencias entre ansiedad y depresión os explicamos con la frase anterior qué se siente durante un ataque de pánico. Básicamente viene a ser eso y variará dependiendo de cada persona pero, por regla general es eso. La ansiedad es sinónimo de miedo y puede manifestarse de diferentes maneras como conductas de evitación, conductas de seguridad, ataques de pánico… Estos últimos son los más llamativos ya que dan sensación a quien los sufre de estar sufriendo un ataque cardiovascular, nada más lejos de la realidad. Es una respuesta involuntaria que nuestra mente lanza al cuerpo para que se salve ante lo que ella considera un peligro (que no lo es). ¡Justo es ahí donde hay que orientar la terapia y no tomando ansiolíticos! (Pero eso es otro tema).

El cuerpo se prepara para la huida y, por tanto:

  • El pulso y el corazón se aceleran. Puede que incluso llegues a notar taquicardia.
  • Toda la sangre del organismo se concentra en el corazón y vías respiratorias para ayudarte a huir por lo que notarás las manos y los pies más fríos.
  • Sensación de mareo, pero nunca jamás de los jamases llegarás a desfallecer.
  • La vista se nubla un poco.
  • Acuden 1500 pensamientos catastróficos a tu mente por segundo: “esto es el fin”, “me estoy muriendo”, “socorro!”
  • La boca tiende a quedarse más seca.
  • Los músculos se tensan hasta niveles máximos.
  • Puede que tengas pequeñas fasciculaciones o corrientes por las extremidades, sobre todo en las piernas, ¡pura ansiedad
  • Nauseas. El estómago ralentiza su trabajo y se centra en otras cosas por ello será un periodo de cambios en tus procesos intestinales.
  • Calor, sudor…

En definitiva, se trata de un cúmulo de síntomas que tienen, aunque no lo creamos, la única misión de ponernos a salvo. Es un proceso que hemos heredado de los humanos primitivos cuando, vivían en plena naturaleza y eran atacados por otras especies. ¿Suena interesante no? Si crees que alguna vez te ha ocurrido algo similar, lo mejor que puedes hacer es acudir a una consulta psicológica. Lo agradecerás por siempre.

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