Los últimos estudios sobre la jornada nocturna confirman algo que se lleva años conociendo: trabajar por la noche no es saludable. Esto es así porque, aunque los empleados que se enfrentan a este turno tratan de recuperar el sueño perdido durante el día, rara vez lo logran. De esta forma, el bienestar de los trabajadores se ve amenazado, ya que acumulan el tiempo de descanso perdido al final de la semana.

La última investigación en este sentido se ha realizado en torno a las enfermeras que trabajan en el turno de noche en Corea del Sur, ya que son más propensas a sufrir obesidad. En la misma línea, un estudio anterior sobre los trabajadores jubilados chinos que trabajaban por turnos en el sector de los automóviles reveló que eran más propensos a tener una presión arterial más alta, así como a padecer diabetes. Por último, un estudio francés publicado en 2014 señaló que el trabajo por turnos se asocia a un deterioro cognitivo equivalente a tener entre seis y diez años más de edad.

Estos desajustes en la salud de los trabajadores se deben a que la actividad laboral por la noche afecta al ritmo biológico del cuerpo, encargado de regular la vigilia y el sueño, y que queda descuadrado: los trabajadores nocturnos comen cuando sus cuerpos no están preparados para ser alimentados y tratan de dormir cuando no están cansados.

Y ese es el principal problema al que se enfrenta la gente que cubre el turno nocturno: que no duerme lo suficiente. Lo que aún no está claro es la vinculación entre el trabajo nocturno y algunas de las enfermedades. No se sabe si se debe a los efectos del sueño y el cansancio en la salud, a la mala alimentación (por la noche no es tan fácil encontrar comida sana y se acaba recurriendo en exceso a comida basura), si por el cansancio se come en exceso, etc.

Una posibilidad para garantizar la salud laboral de estos trabajadores pasa por adaptar su vida completamente al horario nocturno, pero los fines de semana, con los compromisos, las obligaciones sociales y la luz del sol, este empeño se convierte en una tarea casi imposible.

En este sentido, destaca la iniciativa de las plataformas petrolíferas. En ellas, sus trabajadores duermen en habitaciones sin ventanas y no tienen fines de semana libres, lo que facilita el proceso de conversión del horario, según los expertos.