Si crees que estás a punto de perder la cabeza por la falta de sueño, no te preocupes; todos los nuevos padres han pasado por eso. Aquí tienes unos consejos para ayudar a dormir a tu bebé.

 

Pasa a la acción a la primera señal de somnolencia.

El factor tiempo es crítico. La sintonía con los ritmos biológicos naturales del bebé, al percibir los signos reveladores de somnolencia, asegura que cuando le coloques en su cuna, la melatonina (la poderosa hormona del sueño) esté alta en su sistema y ​​su cerebro y cuerpo estarán preparados. Sin embargo, si esperas demasiado, tu bebé puede cansarse de más, por lo que no solo tendrá niveles más bajos de melatonina, sino que su cerebro comenzará a liberar hormonas de vigilia como el cortisol y la adrenalina. Así que no pases por alto estas señales: cuando esté tranquilo y desinteresado en el entorno, la melatonina está actuando: es hora de irse a la cama.

 

Ahogar los sonidos... con sonido. 

Las cortinas opacas y un aparato que emita ruido blanco transforman una habitación en un entorno similar a un útero y amortiguan el ruido y la luz del exterior. La mitad del sueño de un bebé es REM, la etapa de sueño ligero, y puede parecer que casi cualquier cosa lo despertará. Pero es menos probable que eso suceda con el ruido blanco de fondo porque este ruido lo cubre todo. Ajusta el volumen colocándote detrás de la puerta y hablando: el aparato debe amortiguar la voz, pero no ahogarla por completo.

 

Baja la temperatura.

Todos dormimos mejor en una habitación fresca, incluidos los bebés. Trata de mantener su termostato entre 20 y 22 grados para facilitar el sueño. Si notas sus deditos fríos, es normal. Para quedarte tranquilo, pon tu mano sobre su pecho. Si está calentito, la temperatura es adecuada.

 

Prepárate para hacer cambios rápidos.

Cambiar la sábana de la cuna después de que tu bebé la moje o ensucie es un drama en medio de la noche y encender las luces puede despertarlo completamente, y volverlo a dormir puede llevarte una eternidad. Coloca una sábana, encima una capa impermeable y sobre ésta, otra sabanita de algodón. De esa manera, si lo necesitas, puedes quitar la capa superior y la impermeable.  Asegúrate de tener cerca lo imprescindible para que tu bebé pueda continuar la noche cómodamente, para no estar rebuscando en los cajones cada vez que tengas que cambiarle el pañal.

 

Turnaos.

Si tienes pareja, no hay razón para que los dos estéis despiertos cada vez que el bebé lo esté. Incluso si te despiertas para darle el pecho, deja que tu pareja se encargue del cambio de pañales y tranquilice al bebé después. De esta manera, los dos tendréis cuatro o cinco horas de sueño ininterrumpido, lo que marca la diferencia y ayuda a tu salud y estado anímico.

 

Envía al pequeño madrugador a una nueva zona horaria.

Que tu bebé se despierte a las 5 de la mañana es algo difícil de soportar cada día, y es una de las cosas más difíciles de cambiar. Los padres a menudo intentan acostar al bebé más tarde, pero lo que realmente toca es cambiar su ritmo circadiano, como hacemos con el “jet lag”. Esto significa que todo (el almuerzo, la siesta de la tarde, la hora del baño) debe retrasarse. Si lo atrasas 15 minutos cada día, ajustarás su reloj biológico en una semana o dos.

 

Ayúdale a encontrar su chupete.

Despertarse en medio de la noche porque tu bebé no encuentra su chupete es frustrante para todos. Puedes enseñarle a encontrarlo por su cuenta: pon un par de chupetes (o cuatro) en una o las dos esquinas de la cuna, y cada vez que pierda uno por la noche, entra y ayúdalo a alcanzarlo por si mismo dirigiéndole a esa esquina. Esto le enseña dónde están los chupetes, así que, si pierde uno, puede encontrar otro y volver a dormir. Este truco lo aprenden realmente rápido…

 

No te preocupes si las siestas son un desastre.

La consistencia es clave, y el lugar más tranquilo para que tu bebé duerma es una cuna. Pero muchos recién nacidos no duermen mejor allí, así que no te frustres si se duerme en tu cama, en el pecho, en un portabebés o en la sillita del coche, o si acabas empujando su carrito alrededor de la manzana durante 40 minutos para que cierre los ojos. Las siestas pueden ser un poco más “movidas” en los primeros seis meses. La mayoría de los bebés no comienzan a desarrollar un horario real de siestas hasta los 5 o 6 meses, e incluso entonces, pelearás con algunas siestas y otras serán mucho más fáciles.

 

Domina cuatro claves: baño, biberón, cuento, cama. 

Una rutina constante a la hora de acostarse puede hacer maravillas. El orden depende de ti, pero generalmente implica un baño relajante, su cena y un cuento. Puedes añadir un masajito rápido pero amoroso con tu crema para bebés favorita. Ya continuación, enciende el aparato de ruido blanco, apaga la luz, mécele un poquito al lado de la cuna y acuéstale: esa serán las señales de que es hora de dormir.

 

Date un respiro.

Escuchar a un amigo, un primo o un vecino hablar sobre cómo su bebé dormía la noche entera a los 2 meses, simplemente estresa. Desconecta de las comparaciones tanto como puedas. Para resolver los problemas de sueño, necesitarás un poco de observación, un poco de prueba y error, y muuucha flexibilidad. Es muy fácil pensar que vuestras noches nunca mejorarán, pero no entréis en ese bucle: un “momento sueño” terrible a los 2 meses no significa que tenga un sueño terrible a los 2 años. ¡Paciencia y rutina!