Lo típico, en determinadas épocas del año, nos sentimos un poco más “rellenitos” y nos entran las prisas o, lo que es peor, empezamos motivados en un gimnasio o saliendo a correr y pasado un tiempo, poco a poco vamos dejando de hacerlo hasta que lo dejamos por completo. Es ahí cuando vienen los remordimientos. ¿Os sentís identificad@s? ¿Cómo evitar toda esta carga de malas vibraciones? ¿Cómo lograríamos adquirir una rutina semanal/mensual que fuera inamovible al igual que vamos a trabajar o hacemos las tareas de casa?

Muy sencillo, invirtiendo en un entrenador/a personal. Y si, decimos “invirtiendo” no contratando ni gastando. ¿Por qué? Por su infinidad de beneficios para nuestra salud física y mental:

  • Te asegurarás de realizar correctamente la actividad en cuestión ya que habrá una persona siempre contigo.
  • Nunca te rendirás, te animará como nadie.
  • Sabrá asesorarte para llevar acabo según que actividades dependiendo de tus objetivos. Por ejemplo: no es lo mismo querer adelgazar que querer tonificar o eliminar grasa de X zonas.
  • Evitarás faltar a la sesión ya que hay otra persona comprometida. En este sentido, poco a poco notarás cambios y tu estado de ánimo mejorará paulatinamente.
  • Por no hablar de las mejoras propias que nos otorga mover el esqueleto.
  • Con el tiempo, no podrás vivir sin tu sesión de deporte semanal. Habrás creado un hábito y puede que llegues a ser capaz de llevarlo a la práctica sin la ayuda del entrenador. Eso es lo verdaderamente ideal.

Por todos los motivos que hemos visto llamamos INVERSIÓN a la contratación de un entrenador personal ya que supone invertir en la salud de uno mismo y eso, siempre es bueno, en todos los sentidos.