Si buscamos la definición del término inflación en algún manual de economía, leeremos que “La inflación es un aumento generalizado en los precios de los bienes y servicios de una economía durante un periodo de tiempo”. 

 

Por lo tanto, la tasa de inflación es un “coeficiente que refleja el aumento porcentual de los precios en un territorio en un cierto período de tiempo. Suele medirse mensualmente, dando el resultado para los últimos doce meses y para el periodo transcurrido desde el 1 de enero de ese año, en ambos casos comparándolo con los datos del año anterior”.

 

Es probable que cada año hayas experimentado aumentos anuales de precios en el metro, los autobuses y la mayoría de los otros servicios de transporte. Estas subidas se ajustan a la tasa de inflación, que generalmente se encuentra en un rango aproximado de entre el 1 y el 2,5% anual.

 

Pero ¿qué causa la inflación?

 

No hay una causa única para la inflación, sin embargo, los economistas y académicos han presentado a lo largo del tiempo varias teorías.

 

Una de esas teorías sugiere que, en las economías de rápido crecimiento, la inflación se crea por un aumento general en la oferta y la demanda de bienes y servicios, lo que resulta en un aumento de los precios. En pocas palabras, cuanta más demanda hay, más personas están dispuestas a pagar más.

 

En el mundo desarrollado, otra teoría argumenta que el aumento de los costes para las empresas genera precios más altos para sus productos. Esto sucede porque, en general, la mayoría de las empresas desean mantener sus márgenes de beneficio para mantener sus negocios.

 

Otra teoría, generalmente aceptada, se refiere a la oferta de dinero en una economía. Si consideramos el dinero como una mercancía, entonces, por el mecanismo de oferta y demanda, podemos razonar que la sobreoferta de dinero en una economía debilita su valor, reduciendo así su poder adquisitivo.

 

¿Y cuánto vale mi dinero?

 

Dado que la inflación hace que los precios aumenten con el tiempo, tu dinero pierde valor gradualmente. Mira, otra forma de pensar sobre esto:

 

Puedes comprar una botella de agua hoy por 1€. En un año, con una inflación del 2%, la misma botella de agua costaría un 2% más, es decir, 1.02€. El efecto neto es que tu moneda de 1 € será menos valiosa, ya que ya no podrás comprar la misma botella de agua que compraste hoy.

 

¿Cómo aprovechar al máximo la inflación?

 

Hasta ahora, hemos visto cómo la inflación hace que los precios suban, al tiempo que disminuye el poder adquisitivo de nuestro dinero, pero no todo van a ser malas noticias: dado que el valor del dinero disminuye con el tiempo, esta sería una oportunidad perfecta para pedir un préstamo a un interés fijo.

 

Supongamos que Juan obtiene un préstamo a un año por 1.000 € con un interés anual fijo del 4.5%. Al final del período del préstamo, tendrá que pagar 1.045 €. Sin embargo, si la inflación para el año también fue del 4.5%, Juan solo tendría que pagar los 1.000 € iniciales que pidió prestados, porque la tasa de interés se compensa con la inflación, así que, en teoría, esto sería el equivalente a pedir dinero prestado sin intereses.

 

¿Con qué debo tener cuidado?

 

Si bien la inflación impacta positivamente en los préstamos, lo contrario es cierto para los ahorradores, ya que la inflación afecta negativamente al valor futuro del dinero. Esto significa que un euro ahorrado hoy valdría menos mañana. Entonces, a menos que las tasas de interés sean más altas que la inflación, los ahorradores perderían dinero.

 

Qué he aprendido

 

La inflación es un arma de doble filo: ayuda a que la economía crezca, pero también eleva los precios. La inflación puede hacer que los préstamos sean más asequibles, pero también puede perjudicar a los ahorradores que tengan cuentas con intereses más bajos.

 

Si estás buscando como asegurar tu dinero de la mejor forma, no dudes en consultarnos.