La importancia del interés compuesto para tus ahorros

El interés compuesto es la acumulación de intereses al capital, de modo que el capital se hace más grande y a su vez genera más intereses. Si repetimos la operación de nuevo una y otra vez, vamos capitalizando los intereses. Con el paso del tiempo el capital crece de una forma asombrosa.
¿Cómo calcular el interés compuesto?
La respuesta es depende, si se trata de un interés vencido que se abonará al final de la operación, o bien si se trata mediante pagos periódicos fijos (normalmente anuales).
¿Cuál es la diferencia?
-Teniendo un capital inicial (10.000 euros) al recibir un 5% de forma anual y periódica podemos sumar los intereses anuales del primer año (500 euros) al capital, por consiguiente el segundo año ya no tendríamos un capital de 10.000 euros, sino de 10.500 euros.
Si calculamos el interés anual para 10.500 euros, obtendríamos 525 euros. Esa cantidad se sumaría de nuevo al capital y para el tercer año tendríamos unos 11.025 euros. Así sucesivamente hasta el vencimiento de la operación (5 años).
-Por el contrario si recibimos el pago al final de la operación. Tan sólo representaría el interés correspondiente al capital inicial, sin tener en cuenta los intereses generados que se han ido sumando y aumentando nuestro capital.
Al tener más capital se generan más rendimientos, ¿cuál es el resultado? Un crecimiento exponencial del capital inicial con el paso del tiempo. En caso de que el interés fuese simple el crecimiento es una constante lineal.
Para que influya la magia del interés compuesto deberemos recibir pagos (liquidaciones) periódicos y añadir estos pagos al capital (capitalizar los rendimientos). Si no realizamos la capitalización con las correspondientes liquidaciones periódicas de interés obtendríamos como resultado un interés simple.
¿Por qué es importante en nuestras inversiones el interés compuesto?
Las entidades bancarias saben muy bien la importancia del interés compuesto, por ello en las operaciones de préstamo concedidas a más de un año lo aplican. Pero eso no es todo. El interés compuesto juega en nuestra contra en las operaciones de pasivo (préstamos bancarios), sin embargo podemos hacer que juegue a nuestro favor en nuestras operaciones de activo (inversiones).
El interés compuesto no es ni bueno ni malo. Lo único a tener presente es que se trata de una poderosa fuerza, pudiendo estar a nuestro favor o en nuestra contra. Para beneficiarnos del interés compuesto debemos optar por capitalizar reinvirtiendo los rendimientos de nuestras inversiones. De este modo se produce el efecto de crecimiento bacteriano visto anteriormente.
¿Cómo podemos obtener el máximo beneficio del interés compuesto?
Para que la operación nos sea cada vez más beneficiosa debemos capitalizar los rendimientos en lugar de repartirlos y dejar que el interés compuesto actúe a nuestro favor con el paso del tiempo. Para maximizar nuestra inversión debemos jugar con las siguientes variables.
-Búsqueda constante de un aumento de la rentabilidad, pero ajustada al riesgo
Cuanto mayor sea la rentabilidad (interés, dividendo, etc.) mayor será el beneficio en cualquiera de los dos regímenes financieros (interés simple y compuesto), sólo que con un interés compuesto el crecimiento exponencial permite que el capital final sea mayor en un período de tiempo más reducido.
Ahora bien, debemos diversificar, valorar y gestionar el riesgo de forma adecuada. El riesgo es directamente proporcional a la rentabilidad obtenida. No podremos siempre obtener la mayor rentabilidad a cualquier precio. Escoger el producto que ajuste el binomio rentabilidad-riesgo a nuestro perfil es la mejor solución.
-Realizar aportaciones periódicas al capital
Cuanto mayor sea el capital inicial mayor será el resultado final de la operación financiera. El interés actúa sobre una base de capital y el realizar aportaciones periódicas multiplicará el efecto del interés compuesto. Cada ahorrador se amoldará a sus posibilidades como es lógico, pero cuanto mayores sean y con mayor frecuencia mucho mejor será para obtener el todo beneficio de nuestro aliado.
El interés compuesto potencia, las aportaciones de capital periódicas multiplican. Si juntamos estos dos factores los resultados hasta podrían asustarnos. Estamos ganando fuerza por partida doble. Para ello es necesario invertir en productos con alta liquidez, que nos permitan aportaciones de capital en cualquier momento de la operación.
-La frecuencia de las liquidaciones
Si las liquidaciones son trimestrales en lugar de anuales, antes podremos capitalizar los rendimientos y más deprisa actuará la magia del interés compuesto. Si son mensuales mucho mejor.
Cuanto antes se capitalice cada liquidación, antes comienza a producir nuevos rendimientos. Tiene mucho que ver con el factor tiempo que veremos a continuación.
Muchas acciones ofrecen dividendos a cuenta, con una periodicidad trimestral. Un fondo de acumulación de renta variable (existen fondos de inversión de acumulación y de reparto, en función si capitalizan los dividendos e intereses o los distribuyen entre los partícipes) podrá aprovechar las liquidaciones trimestrales de los dividendos a cuenta para generar más rendimientos.
-El plazo de la inversión
Por supuesto el plazo de la inversión es un factor de suma importancia. Cuanto mayor sea el plazo, mayor será el efecto del interés compuesto.
En un régimen financiero de interés compuesto, el tiempo es el elemento que le otorga carácter exponencial. Si miramos la fórmula, vemos que es el exponente de la potencia.
El tiempo es el ingrediente que le ofrece al interés compuesto su idiosincrasia, es necesario dejarlo actuar. Para ello, las inversiones a largo plazo o aquellas que no tengan vencimiento (sobre todo renta variable), son las ideales.
Existe un cálculo sencillo para saber rápidamente el número de años que tardaremos en doblar nuestro capital a un determinado tipo de interés compuesto: La regla del 72.
Si dividimos 72 entre la tasa de rentabilidad en un régimen de interés compuesto nos dará de una forma muy aproximada el número de años necesarios para que el capital inicial sea el doble.
-Aprovechar los diferimientos fiscales
Si tenemos que tributar por la tenencia de la inversión o bien por las liquidaciones periódicas de los rendimientos, no podremos aprovechar todos los beneficios del interés compuesto.
Por el contrario, un fondo de inversión no tiene retenciones ni ningún tipo de tributación por su tenencia (ni tan siquiera traspaso). Tan sólo se tributa en el momento del reembolso definitivo.
En síntesis, para conseguir que el interés compuesto en nuestras inversiones sea eficaz necesitamos:
-Un producto con una buena rentabilidad ajustada al riesgo.
-Que no tenga un vencimiento concreto como pueden ser los depósitos o la renta fija (o bien que sean a largo plazo).
-Con una alta liquidez que nos permita realizar aportaciones periódicas.
-Que aproveche la mayor frecuencia en la capitalización de rendimientos.
-Fiscalidad atractiva, sin retenciones o tributaciones que nos resten posibilidad de capitalizar el 100% de las liquidaciones periódicas.