¿Qué es la herencia yacente?

En temas de herencias hay que estar bien informado, por lo que pueda pasar. Hoy te explicamos qué es la herencia yacente y las circunstancias que la rodean. Finanzas

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Como se puede deducir fácilmente, la situación a la que nos referimos hoy parte de un evento doloroso como es el fallecimiento de una persona. La persona que fallece deja a sus herederos unos bienes, una herencia, procedente de un testamento, o incluso sin mediar testamento escrito, y sus herederos tienen la posibilidad de aceptar esta herencia o de rechazarla, acción que en este caso conocemos por el término “repudiación de la herencia”. 

Durante el periodo de tiempo que transcurre entre el fallecimiento de una persona y la aceptación formal de la herencia por parte de los herederos se dice que el patrimonio “yace”, a la espera de la aceptación. De aquí viene el término “herencia yacente”. 

En ocasiones se tiende a pensar que la indemnización prevista en un seguro de vida es parte de la herencia, pero esta idea es errónea. La indemnización nunca fue parte del patrimonio de la persona fallecida, por lo que tampoco puede ser parte de la herencia.

La herencia yacente y sus obligaciones

Así pues, una vez conocido el fallecimiento de una persona, sus bienes, su patrimonio -y también sus obligaciones- pasan a formar parte de su herencia. Como hemos señalado, dicha herencia se conoce como herencia yacente hasta que es aceptada formalmente por los herederos, quienes también tienen la posibilidad de repudiar dicha herencia. 

La repudiación de una herencia se puede producir cuando las obligaciones y las deudas que forman parte de esta son mayores que los bienes a heredar, y, por tanto, se rechaza por parte de los herederos la herencia prevista. En este caso, los bienes pasan a ser propiedad del Estado, pero ¿qué hay de las obligaciones? 

Supongamos una herencia de la que forma parte una vivienda alquilada o un local, así como unas deudas contraídas con uno o varios acreedores. En el caso de que haya un beneficio del alquiler, los herederos deben declarar dicho beneficio, mientras que, por su parte, los acreedores querrán cobrar su deuda, aunque por el momento no existan unos titulares de la herencia contra los que poder interponer una demanda, ya que seguimos en estado de herencia yacente. 

Pues bien, ante esta situación está previsto que la herencia yacente se identifique como tal ante Hacienda, con lo que a efectos fiscales pasará a tener un NIF propio con el que se pueda operar y emitir las facturas únicas que se requieran, sin necesidad de dividir dichos importes entre los herederos. Ahora bien, el beneficio que pudiera estar generando esta herencia yacente sí debe ser declarado por cada uno de los herederos en su parte correspondiente. 

En el caso de que existan deudas que forman parte de esta herencia yacente, los acreedores podrán interponer una demanda contra dicha herencia, ya que, a pesar de no tener una personalidad jurídica, la herencia yacente puede ser parte de acciones o procesos judiciales. Para la gestión de estas situaciones se encuentra la figura del albacea, o en su defecto, del administrador judicial correspondiente. 

Es habitual que al hacer testamento la persona testamentaria nombre un albacea, un administrador de los bienes y obligaciones que forman parte de la herencia, en previsión de que se pueda dar la situación de herencia yacente. El albacea nombrado en el testamento puede tener la potestad incluso de pagar el funeral del fallecido con cargo al patrimonio de la herencia, así como de pagar deudas existentes o representar a dicha herencia yacente en los procesos judiciales de los que pudiera formar parte. 

En el caso de que en el testamento no se recoja la figura del albacea, los herederos en situación de herencia yacente deberán nombrar un albacea o administrador testamentario que pueda gestionar esta herencia hasta su aceptación o repudiación. Si los herederos no fuesen capaces de ponerse de acuerdo en el nombramiento de esta persona, será un juez quien nombre a un administrador judicial.

Esta figura será la encargada de realizar la declaración del IRPF que corresponda a la herencia yacente hasta su aceptación o repudiación, así como del pago del impuesto de sucesiones y donaciones, que debe ser pagado en los seis meses siguientes a la fecha de fallecimiento. Aun así, el albacea o en su defecto el administrador judicial, pueden solicitar una extensión del plazo de pago de este impuesto de seis meses más.

Plazos de una herencia yacente

El nombramiento de la persona que se hará cargo de la gestión y de la administración de una herencia yacente, figura que como hemos visto se conoce como albacea, se hace necesario ya que el plazo de aceptación o repudiación de una herencia es indeterminado. Es decir, la situación de herencia yacente se extiende desde el fallecimiento de la persona que deja una herencia hasta que se produce la aceptación o repudiación de ésta. Sin embargo, siendo ambos actos voluntarios, una herencia podría encontrarse en situación de herencia yacente sin una fecha prevista de fin.

A falta de un plazo establecido por Ley, ha sido la jurisprudencia quien ha debido establecer este plazo, dejándolo en 30 años desde el fallecimiento. Por supuesto, el plazo es excesivo, por lo que el Código Civil ha establecido también que las personas que pudieran tener interés en la resolución de una herencia soliciten por vía notarial al heredero o herederos una decisión respecto a la aceptación o la renuncia a la herencia. 

Esta solicitud notarial dispone un plazo de treinta días naturales en los que el heredero o herederos deberán comunicar su aceptación de la herencia o su renuncia a la misma

Ahora bien, es importante señalar que en el momento en que se produzca la aceptación, los herederos pasan a ser propietarios y titulares de los bienes y de las obligaciones de la herencia con carácter retroactivo, es decir, su titularidad tendrá como fecha de inicio la fecha en que se produjo el fallecimiento de la persona que da lugar a la herencia.

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