El impuesto de circulación, o “el numerito del coche”: todo lo que tienes que saber

Toca pagar el numerito del coche. Llevamos toda la vida oyendo esa frase en casa, primero a nuestros padres y ahora nos corresponde a nosotros. ¿Sabes todo lo que rodea a ese impuesto? Automóvil

Todos sabemos que cuando decidimos dar el paso de comprar un coche estamos también dando el paso de pagar una serie de impuestos y de recibos que vienen asociados. El primero vendrá con la compra del coche y su primera matriculación: el impuesto de mismo nombre -de matriculación-; luego tendremos que contar con un seguro de coche que nos permita circular teniendo al menos cubiertos los daños que pudiéramos ocasionar a terceros (es decir, la responsabilidad civil obligatoria) y, por fin, tendremos que pagar “el numerito”. 

El famoso “numerito del coche” no es otro que el impuesto de circulación, que grava a coches, motos, camiones, autobuses… En definitiva, la mayoría de los vehículos a motor que vemos circular por nuestras calles. De ahí su nombre oficial, el “Impuesto sobre Vehículos de tracción Mecánica” (IVTM), como podremos encontrarlo en las páginas web de cada ayuntamiento cuando queramos consultar su importe. Antes era obligatorio llevar el pago pegado al parabrisas, con un número que identificaba el impuesto y el vehículo asociado, motivo por el que este impuesto se conocía comúnmente como “el numerito”.

¿Quién debe pagar el numerito?

El Impuesto de Circulación debe ser pagado por la persona propietaria del vehículo a 1 de enero del año, y el periodo de pago voluntario se extiende desde el 1 de abril al 30 de junio. Muchos de los conductores tenemos este impuesto domiciliado en cuenta y en ocasiones se divide el pago en diferentes meses, por lo que al final no son pocos los conductores que pierden de vista este pago, sin llegar a saber con certeza si se ha pagado o no. 

En el caso de que se vaya a vender el coche, este impuesto debe pagarse por el propietario inicial, ya que el coche estaba bajo su titularidad a 1 de enero; a partir del siguiente año, el nuevo comprador estará obligado a pagar este impuesto mientras mantenga el coche a su nombre. 

Ante la duda, lo mejor es ir a nuestra guantera y buscar el permiso de circulación en la carpeta de papeles del coche. Ese cartoncito verde que doblamos por la mitad, y que entregamos a la policía cuando nos paran, muestra el nombre del propietario oficial del coche. A ese nombre llegará también el impuesto de circulación.

¿Cómo se calcula este impuesto?

Para tratar de saber a cuánto ascenderá el importe del impuesto de circulación, lo primero que debemos saber es que existe una fórmula para su cálculo, recogida en el Real Decreto 2822/1998 de 23 de diciembre, el Reglamento General de Vehículos, en su Anexo V. A partir de esta fórmula se obtiene la conocida como potencia fiscal del vehículo, los caballos fiscales, y para su obtención cuenta el número de cilindros, así como el diámetro y recorrido de los mismos, a los que se aplica después una tasa.

Ahora bien, independientemente del resultado de este cálculo, se le deberán aplicar después los descuentos previstos para cada tipo de vehículo. Así, dependiendo del combustible que use el vehículo o del grado de contaminantes que emita, podrá tener un descuento de hasta el 75% del importe; dicho descuento puede alcanzar el 100% en el caso de los vehículos históricos que tengan más de 30 años.

Por otra parte, se encuentran exentos del pago los vehículos oficiales, los vehículos del cuerpo diplomático, los vehículos sanitarios, los vehículos que se destinen al transporte de personas con una movilidad reducida reconocida superior al 33%, así como los vehículos de transporte urbano de más de nueve plazas. 

Dicho todo esto, lo mejor que podemos recomendarte es que acudas a la página web de tu ayuntamiento para saber exactamente cuál es el importe que te corresponde pagar por tu coche, porque además cada ayuntamiento aplica después unos baremos diferentes, así como unas exenciones diferentes, por lo que el importe de cada “numerito” dependerá, fundamentalmente, de cada ayuntamiento. 

De hecho, dicho importe alcanza diferencias tan abismales que por parte de las empresas se ha procedido a abrir sucursales en determinados municipios, para aprovechar las ventajas de determinados ayuntamientos. Existen estudios que muestran que una compañía con 150 coches podría ahorrar hasta un millón de euros en sus impuestos de circulación, si decide registrar sus coches en una sucursal de uno de estos municipios. 

Si consultamos el número de coches registrados en estos municipios y los comparamos con el número de habitantes, nos darían porcentajes tan asombrosos como el de Aguilar de Segarra, en Cataluña, donde cada habitante tendría nada menos que 252 coches, de acuerdo al número de vehículos registrados allí. El beneficio para las empresas es obvio, ahorrando una cantidad en impuestos muy considerable, pero también los ayuntamientos se benefician de esta situación, ya que recaudan un impuesto de circulación por coches que probablemente nunca lleguen a pisar sus calles. 

Sin embargo, este beneficio que pueden encontrar las empresas no puede hacerse extensible a los particulares, ya que para poder optar a este beneficio todo particular debería empadronarse en uno de estos municipios, una opción para la que en la mayoría de las ocasiones hay que tener el domicilio en dicho municipio.

¿Es obligatorio este impuesto?

Todos los propietarios de los vehículos están obligados al pago del famoso “numerito” siempre que tengan el coche bajo su titularidad a fecha 1 de enero. En el caso de que no cumplamos con la obligación del pago de dicho impuesto, veremos cómo se nos vuelve a enviar el recibo, con el recargo correspondiente, e incluso puede llegar a ocurrir que se nos embargue la cuenta hasta el pago del impuesto, o incluso, en el peor de los casos, puede que la autoridad competente proceda a la inmovilización del vehículo. 

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