Ya ha cumplido los seis meses y, por tanto, ha llegado el momento de iniciar los cambios en la alimentación del bebé. Llegado este punto, aunque puede mantenerse la lactancia materna (o la leche de inicio si se está empleando el biberón), ésta ya no es suficiente para proporcionar todos los nutrientes que el niño necesita en su crecimiento. Por tanto, se debe comenzar el proceso que, poco a poco, desembocará en que tome una dieta sólida y variada similar a la de los adultos.

Por supuesto, el cambio en la alimentación del bebé debe ser paulatino. En esta primera etapa, su sistema digestivo aún no está preparado para recibir todo tipo de alimentos. Lo primero que se le proporcionarán serán pequeñas cantidades de papillas poco densas, que estarán elaboradas con un único ingrediente. Lo ideal es que la primera comida en la que se incluyan los cambios sea la del mediodía.

El mayor hándicap para los padres, en este momento inicial, además del de introducir sabores diferentes al de la leche, es abandonar la tetina e iniciar la alimentación con cuchara. Hasta el momento el niño sólo tenía que succionar, pero ahora debe tomar la comida a través de otro mecanismo. Es importante que esa primera cuchara que se utilice sea pequeña, de bordes suaves y no muy profunda.

Una de las preguntas más frecuentes es, ¿en qué orden se deben incorporar los diferentes tipos de alimentos? Habitualmente, lo primero que se incluye son las papillas de cereales sin gluten. Éstas suelen comprarse en forma de preparados deshidratados en las farmacias o tiendas de alimentación infantil. Al principio es probable que la cantidad que el bebé ingiera sea ínfima, pero no importa tanto lo que come como que vaya habituándose a otro tipo de alimentos distintos a la leche.

En pocas semanas, se podrán incluir las frutas en forma de papilla y las verduras muy bien trituradas. Las primeras suelen ser bien aceptadas debido a su sabor dulce, y se recomienda ir incluyendo en los purés un alimento tras otro con un lapso de tiempo entre ellos de cuatro o cinco días. De esta forma, se podrá apreciar si alguno de ellos no le sienta bien o le produce alergia. Además, se le da un tiempo para ir habituándose a los distintos sabores.

Si todo va bien, a los siete meses se podrá incluir en la dieta los cereales con gluten y las carnes (primero pollo y más tarde ternera y cordero). Este momento requerirá que los padres estén atentos por si su hijo fuera intolerante al gluten. Llegados a este punto, además, ya debería ser capaz de tomar alimentos sólidos tres veces al día. Si es así no debe olvidarse ir añadiendo cada vez más agua a su dieta, puesto que se reducirá la cantidad de líquido que ingiera en forma de leche.

Los siguientes pasos en la alimentación del bebé serán incluir en los purés los pescados blancos (ocho meses), las legumbres (nueve meses) y los yogures (10 meses). Finalmente, con el año ya cumplido, se añadirá el huevo (primero la yema y luego la clara) dejando para más adelante alimentos que resultan complicados de asimilar, como el marisco.

En función de la velocidad a la que el niño vaya adquiriendo sus primeros dientes, los purés muy triturados deberán ir dejando paso a otros con una textura más gruesa hasta llegar a los pequeños trocitos.