Los beneficios de una ingesta adecuada y equilibrada están sobradamente demostrados. Pero la relación entre alimentación y salud aún llega más lejos. Durante cientos de años, se ha probado que los componentes que se encuentran en muchos productos son capaces de curar o prevenir algunas de las enfermedades más habituales.

Por eso, resulta interesante hacer un repaso de los cuatro componentes, que pueden considerarse como los más beneficiosos para el organismo:

  • El ajo es posiblemente el rey cuando se habla de alimentación y salud, debido a su larga lista de propiedades medicinales. De hecho, históricamente, fue utilizado como remedio, mucho antes que como condimento, y son múltiples los medicamentos convencionales (creados de forma industrial) que contienen alguno de sus componentes. Ante todo, el ajo contiene un potente mecanismo para deshacerse de los gérmenes, y tiene propiedades antibacterianas, antivirales y antimicóticas, además de activar el sistema inmunológico del organismo. Asimismo, actúa frente a algunos de los grandes problemas de la sociedad actual, nivelando los niveles de colesterol y de azúcar en sangre. También, tiene beneficios en lo referente al sistema cardiovascular: mejora la circulación, aumenta la flexibilidad de las arterias y protege el corazón, al tiempo que evita la formación de coágulos. Por si esto fuera poco, previene también enfermedades como la depresión o el estrés, ya que aumenta el nivel de serotonina en el cerebro. El mayor inconveniente es que, para poder gozar de todos estos beneficios, el ajo debe consumirse crudo, con el problema de aliento que eso conlleva. Por ello, muchas personas prefieren ingerirlo en forma de perlas o cápsulas adquiridas en herbolarios.
  • La cebolla es esencial cuando se trata de curar resfriados o cualquier otra complicación del aparato respiratorio relacionada con la acumulación de mucosidad. Es uno de los más destacados expectorantes naturales y, también, contribuye a aliviar los síntomas asmáticos. Nada como una cebolla partida en la habitación donde se duerme para aliviar la tos. Además de estos beneficios, también contiene grandes cantidades de quercetina, una enzima que favorece la circulación sanguínea. Y, al igual que el ajo, posee un importante poder antiséptico.
  • El arándano. En el norte de Europa es uno de los máximos exponentes de la relación entre alimentación y salud, aunque no tanto en los países mediterráneos, donde no crece de forma tan abundante. La principal ventaja de este alimento es su capacidad antiadherente. El arándano evita que los gérmenes se peguen a las paredes de los órganos por los que pasa. De esta forma, el jugo de esta baya protege de las infecciones en la boca, laringe, esófago, estómago, intestino, riñones y vejiga urinaria. La placa bacteriana de los dientes, las úlceras gastroduodenales o las dolencias de orina son algunas de las afecciones que es capaz de evitar.
  • Frutos secos. La almendra, los cacahuetes, las nueces y las avellanas son reconocidos como excelentes medios para evitar que el colesterol se adhiera a las arterias y conseguir, de esta manera, que trabajen más relajadas. Además, la nuez es una excelente aliada de las mujeres en la época de la menopausia, ya que reduce los sofocos propios de esta etapa.