Ya lo dijo Séneca, “entender y ser entendido” esa es la verdadera clave de la amistad, ya sea con familia o con personas ajenas a nuestra sangre. Entender, es sinónimo de respetar y ese es el cimiento más fuerte para sustentar una relación (sea de tipo que sea) durante toda la vida.

Cuando somos jóvenes, pretendemos tener un círculo de amistades amplio y hacemos todo lo posible por con conseguirlo, pero, poco a poco, gracias al aprendizaje (y algún que otro disgusto) nos vamos dando cuenta de que esa idea, primero, no es sana y segundo, tampoco es necesaria.

Ahí es cuando pasamos de la cantidad a la calidad y, a decir verdad, eso te lo va dando la madurez…  ¡Quién nos lo iba a decir! Nunca cobró tanto sentido aquello de, “los cuento con los dedos de las manos”.

Hacer que una amistad dure toda la vida, no es sencillo, es más, es bastante difícil y requiere cierto esfuerzo por ambas partes. El esfuerzo, ¿te sale del corazón? Si es así, ¡hazlo! Lo sabrás imaginando tu vida sin esa persona cerca, ¿te dolería ese mismo corazón? 

La honestidad es otro concepto fundamental para mantener una buena relación durante toda la vida. La mentira no trae nada bueno, mucho menos entre amigos.

Esto nos lleva al siguiente consejo, CEDER y superar los desencuentros, no debemos mostrar orgullo ni “cabezonería” porque el tiempo pasa rápido y nosotros estamos aquí de paso, hay que saber perdonar.

Por último, el tiempo, ¡que el día a día no haga que dejes de ver a tus amigos! Fíjate fechas mensuales para quedar, trata de hacer panes conjuntos… ¡lo que sea pero que no pase más de un mes de una cita a otra!

Está comprobado, el contacto con los verdaderos amigos beneficia a nuestra salud mental y nos hace vivir más felices y segur@s. ¿Para qué queremos más?