Si estás embarazada, ya sabrás que la anestesia epidural es una inyección colocada en la parte baja de la espalda que puede detener el dolor de las contracciones durante el nacimiento de tu bebé.

Aunque esta práctica nunca está exenta de algunos riesgos y efectos secundarios a considerar, las epidurales se consideran seguras y efectivas, y en nuestro país, un 80% de las parturientas eligen esta opción, ya que se estima que menos de un 10% de las mujeres tienen un parto considerado poco doloroso.

¿Qué es una epidural?

Se denomina así a la inoculación por medio de una inyección de un medicamento anestésico en la parte de la columna llamada "espacio epidural". Esto bloquea el dolor de las contracciones adormeciendo los nervios alrededor de la parte inferior del abdomen. El grado de adormecimiento depende de la combinación de medicamentos que usa el anestesista y de lo fuerte que sea la dosis.

Las epidurales se han considerado una forma segura y efectiva para el alivio del dolor en el parto durante muchos años: del 80% de epidurales que se administran, funciona en un 75% de los casos.

Pero antes de que jures amor eterno al anestesista que apareció con tu epidural en el momento en que más la necesitabas, te contamos algunas cosas que debes saber:

Puede que no te administren la epidural justo en el momento en que la pidas. Así que cuando estés en pleno trabajo de parto, no seas una heroína. Si quieres la epidural, díselo a la enfermera de inmediato, porque el anestesista podría no estar libre en ese momento, por lo que tardarán un poquito en acudir a tu llamada con la inyección salvadora; no debes esperar a que el dolor sea insoportable, porque cada minuto parecerá una eternidad. Y lo que buscas es un alivio rápido. No seas tímida y avisa cuanto antes en el momento en que lo decidas.

Esto sí: comienza a hacer efecto de inmediato. Una vez que se coloca la epidural y la anestesia entra, la sensación de descanso es rapidísima. Sientes un alivio instantáneo. Este contraste entre el intenso dolor de las contracciones y la calma sobrevenida tras la epidural te permite descansar y prepararte para empujar.

Aún así, notarás que debes hacer el trabajo de parto. Para muchas mujeres, la epidural no supone un entumecimiento total y completo de cintura hacia abajo (aunque definitivamente reducirá el dolor a una leve molestia). Probablemente notarás las sensaciones y deberías poder empujar sin problemas. De todos modos, puede ajustarse la epidural para que estés lo más cómoda posible.

Si tiemblas, no te asustes. Uno de los posibles efectos secundarios, es sufrir escalofríos o temblores; si son especialmente intensos, puede que te canses más al temblar de manera violenta. Es una sensación de frío incontrolable, pero la buena noticia es que en la mayoría de los casos no dura demasiado y es totalmente soportable.

Hay otra opción poco deseable: que no te haga efecto. Es una de las posibilidades menos apetecibles, ya que después de tener dos agujas en la columna, que la epidural haga efecto solo por partes o no funcione en absoluto es un poco una faena. Hay casos en los que falla, pero los sanitarios te colocan en una posición diferente antes de intentarlo de nuevo, para lograr que la cosa marche.

Nada: a ti, definitivamente, no te hace efecto la epidural: ¡que no cunda el pánico! Tienes otras opciones de manejo del dolor. Pregúntale a tu médico, matrona o enfermera las alternativas en caso de que esto sucediera, ya que quizá puedan darte una o varias opciones y eso te hará llegar al parto tranquila, mentalizada y con plan B.

Existe el llamado dolor de cabeza epidural. Es raro, pero algunas mujeres experimentan un dolor de cabeza intenso que puede durar un tiempo, lo que no debería impedirte poder disfrutar de tu nuevo bebé. Si te pasara, tu médico te recetará reposo y analgesia oral compatible con la lactancia, si deseas dar el pecho.

A veces, la sensación de anestesia en la parte baja del cuerpo dura demasiado. La situación ideal es que cuando se apaga la bomba que suministra la medicación y se retira el catéter, la sensación de notar todo tu cuerpo debe ir volviendo de manera gradual y relativamente rápido, pero a veces el entumecimiento persiste. No te asustes, se te pasará. Puede ser que notes menos una pierna que la otra, o algo así (cada persona reacciona de modo distinto), pero coméntalo con tu ginecólogo o enfermero y ellos te explicarán la situación y pasos a seguir para que estés tranquila.

La epidural es maravillosa para la mayoría de las mujeres, pero algunas refieren que algunos de sus efectos secundarios son bastante molestos. Antes de que sea tarde y te encuentres en la sala de dilatación con la mente poco clara para pensar, habla con tu ginecólogo para conocer de primera mano los pros y contras de la anestesia epidural, y así puedas decidir si la quieres o por el contrario prefieres un parto natural.

Si estás buscando un seguro de salud, no dudes en consultarnos.