Dietas, adelgazar, régimen alimenticio... son siempre temas rodeados de controversia. Los constantes descubrimientos dietéticos, que ponen en tela de juicio creencias nutricionales "de toda la vida", y el hecho de que, quien más y quien menos haya intentado adelgazar alguna vez, hacen que éste sea un tema rodeado de mitos. ¿Engorda beber agua mientras se come? ¿Y la fruta después de comer?

En este artículo se revisarán algunos de estos grandes mitos sobre la dieta para adelgazar. ¿Qué es verdad y qué es mentira?:

  • El agua que se bebe durante la comida, ¿engorda? No. El agua, en sí misma, no engorda ni adelgaza, da igual el momento en el que se ingiera. Se recomienda tomarla antes de comer porque contribuye a crear sensación de saciedad y así se come menos. En todo caso, contribuye al adelgazamiento dado que mejora el tránsito intestinal.
  • El aceite frito engorda más que el crudo. La temperatura del aceite no hace que éste cambie la cantidad de calorías por gramo que aporta. Realmente, lo que suele engordar más o menos es el tipo de comida a la que se añade uno u otro tipo de aceite: el crudo suele acompañar a ensaladas mientras el caliente acompaña a fritos (y, muchas veces, a rebozados).
  • La margarina engorda menos que la mantequilla. Desgraciadamente, el aporte de materia grasa a la dieta de ambas y, por tanto de calorías, es el mismo. Es un tema diferente si se habla de algunos nuevos tipos de mantequilla que se denominan "light" y que tienen un nivel calórico menor. Estos productos pueden ser útiles al tratarse de una dieta para adelgazar.
  • ¿Engorda más el azúcar o la miel? Si se analiza la cantidad de calorías que proporciona cada uno, el azúcar (sacarosa) tiene un nivel calórico ligeramente superior al de la miel (que es fructosa y glucosa), pero su diferencia es tan mínima que apenas se notaría: 5 ó 10 calorías al día.
  • ¿La fruta después de las comidas engorda? En principio no hay pruebas de ninguna combinación de alimentos que engorden o que adelgacen. Algunos autores sí que defienden que la ingestión de fruta al final de la comida dificulta la digestión en personas que ya tienen problemas en este campo. Es por ello que aconsejan comer la fruta fuera de las comidas.
  • La sal engorda. Realmente, lo que produce la sal es retención de líquidos y, al final, ese aumento de agua en el cuerpo se suele traducir en aumento de peso.
  • Las harinas engordan. Los farináceos, como hidratos de carbono, son una parte indispensable de una alimentación equilibrada y sana. Otro de los mitos en torno a este tipo de alimentos, especialmente en lo que al pan se refiere, es que la miga engorda más que la corteza o que los colines. Curiosamente, sería al revés ya que, al tener menos agua, la corteza aportaría más calorías.
  • Comer rápido engorda. En principio no debe ser así, dado que se ingiere el mismo número de calorías. La causa por la que parece que esto sea verdadero es que, según un estudio que han realizado investigadores de Atenas, si comes muy rápido no da tiempo a que el cerebro libere las hormonas que transmiten la sensación de saciedad, por lo que se acaba ingiriendo más cantidad de alimentos que si se come despacio.

Nota: Ponerse a dieta es un tema relacionado con tu salud, y por tanto debes estar supervisado en todo momento por un médico o un profesional de la nutrición.