No es fácil saber distinguir entre el hambre física y la emocional. Cuando tengas un antojo por algo dulce, como una galleta con chips de chocolate o un rollito de canela, del mismo modo podría ser:

a) La manera en que tu estómago te recuerda suavemente que es hora de “repostar” -los antojos de carbohidratos a menudo provienen de tener demasiada hambre- o

b) Una señal de que estás aburrido y necesitas una distracción.

 

¿Cómo puedes saberlo?

 

Estos dos tipos de hambre a menudo se perciben exactamente igual, es como cuando el oftalmólogo te pregunta qué imagen es más clara, "A" o "B" y tú las ves idénticas.

El hambre emocional significa que recurrimos a la comida para evitar emociones incómodas o para aumentar las placenteras. Por lo general, significa que comes basándote en cómo te sientes, más que en lo que tu cuerpo necesita. El hambre física significa que comes cuando tu cuerpo te indica que realmente tiene hambre. Por lo general, cuando tenemos hambre “de verdad”, física, somos capaces de dejar de comer cuando nos sentimos saciados y antes de estar incómodamente llenos.

 

¿Estás comiendo por tedio, por soledad o por tristeza? 

¿Estás aburrido?

¿Estás tratando de calmar sentimientos de ansiedad o depresión?

¿Estás tratando de remendar un corazón roto?

Puede ser difícil determinar si estamos comiendo debido a nuestras emociones. Sin embargo, los ejemplos de hambre física son mucho más fáciles de detectar y se basan en nuestras sensaciones.

 

Hay cuatro preguntas que debes hacerte cuando necesites detectar la diferencia entre un tirón emocional por aburrimiento y una necesidad genuina de nutrición.

 

La buena noticia es que, con un poco de práctica, puedes convertirte en un experto en descifrar el significado de tus antojos.

 

1) Satisfacción versus alivio

¿Quiero comer para tener energía para alimentar mi cuerpo, para pasar el día o estoy buscando alivio o una sensación de seguridad?

Prueba: tu mano se coloca en la parte de tu cuerpo que necesita atención. ¿Se dirige al estómago porque te hace ruido? ¿O va a tu cerebro que se siente aburrido?

Solución: proponte satisfacer la parte del cuerpo sobre la que descansa tu mano. Si tu cerebro está aburrido, dale algún material mentalmente estimulante. Si tu mano viajó a tus hombros, eleva y suelta los hombros cinco veces para relajar los músculos. Si aterriza en el estómago, elige con atención un alimento nutritivo.

 

2) Hambre emocional versus hambre física

¿Estoy comiendo en respuesta al hambre física (ruidos de estómago, poca energía, etc.) o me siento asustado, frustrado, abrumado o feliz?

Prueba: Pregúntate cuánta hambre tienes físicamente en una escala del 1 al 10 (en la que 1 es hambriento, 5 es saciado y 10 es lleno) Si estás entre el 1 y el 5, es probable que necesites algo de comer. Si es así, perfecto. Si respondes de 6 a 10, es probable que la comida no vaya a ayudarte en nada.

Solución: intenta comer una mandarina. Es un gran alimento para ayudar a frenar la alimentación emocional y eliminar el estrés. Es fácil de pelar y los gajos están perfectamente divididos para comerlos de uno en uno. El sabor dulce es satisfactorio y la investigación ha demostrado que los aromas cítricos pueden ser calmantes. Además, una mandarina proporciona un pequeño impulso de vitamina C, justo lo que necesitamos cuando estamos estresados o emocionalmente alterados.

 

3) Nutritivo versus sabroso

¿Estoy eligiendo alimentos ricos en nutrientes o alimentos azucarados, grasos y salados?

Prueba: una persona verdaderamente hambrienta, comerá una gran variedad de alimentos que calmarán rápidamente un estómago necesitado. Alguien con un antojo por un impulso emocional, a menudo solo anhela un tipo específico de comida o sabor; no solo chocolate, sino chocolate con caramelo, exactamente.

 

Solución: es importante tener a mano bocados saludables y de buen sabor, apetecibles. A menudo, las personas toman alimentos dietéticos que son insípidos y no saben bien. Mejora el sabor de las verduras con hummus, adereza tu yogur con algunas nueces, rocía chocolate sobre unas bayas, agrega una pizca de especias a la sopa de verduras, etc.

 

4) Duradero frente a transitorio

¿Estoy construyendo una relación saludable con la comida frente a la ansiedad, la culpa o el miedo?

Prueba: antes de comer, pregúntate cómo te sentirás un minuto después de terminar lo que vayas a engullir. Si te viene a la mente una emoción negativa, haz una pausa y piensa. 

Con demasiada frecuencia esperamos hasta después de comer para comprobar el impacto emocional de lo que consumimos.

Solución: la alimentación consciente puede ayudarnos a construir una relación saludable y equilibrada con la comida. Debemos usar “las 5 eses” de la alimentación consciente sin importar lo que estemos comiendo:

1) Siéntate

2) Mastica lentamente

3) Sentidos: prueba, huele, escucha

4) Saborea-disfruta

5) Sonríe (haz una pausa antes de tomar el siguiente bocado)

Recuerda que está perfectamente bien comer los alimentos que te encanten, siempre que lo hagas con atención.

 

Si puedes aprender a escuchar con eficacia a tu cuerpo, te liberarás para siempre de ser un esclavo de la comida. Una dieta flexible y diferenciar las señales del hambre emocional y física te permitirá controlar más tu alimentación y ser menos dependiente de la comida para ayudar a tu estado de ánimo. También aprenderás a determinar cómo de hambriento o lleno estás realmente. De hecho, puedes entrenarte para dejar de comer antes de estar demasiado lleno y para no recurrir a la comida cuando en realidad no tienes hambre.

Pregúntate durante la comida y conoce cuándo te sientes satisfecho, incluso si eso significa no tener que terminar tu plato. Piensa en una señal como fin del ritual de la comida que puedes hacer para indicarte que has terminado. Intenta poner la servilleta junto al plato, alejar el plato de ti o simplemente decir en voz alta que ya has acabado.

 

Muchísima gente ha luchado -y lucha- con la alimentación emocional y ha aprendido a librarse de ese circulo vicioso para crear una relación feliz y saludable en torno a la comida. Utiliza estos consejos para elaborar un plan propio que te ayude a identificar la diferencia entre el hambre emocional y física, de modo que puedas perder peso si lo necesitas, tener más energía y desarrollar hábitos saludables en torno a la alimentación.