La falta de tiempo y el vertiginoso ritmo de vida actuales han provocado el auge de la comida o dieta rápida: Hamburgueserías,restaurantes de pollo frito, pizzerías… resultan ideales para llegar, pedir y comer en sólo unos minutos

Sin embargo, desde hace un tiempo, varias acciones publicitarias (como algunos documentales) y la publicación de diferentes estudios sobre las consecuencias del fast food en la salud, han creado un movimiento de "demonización" de este tipo de establecimientos. Se han puesto en evidencia algunas de las características negativas de la dieta rápida, tales como:

  • Excesivas calorías. Se calcula que en una comida de este tipo se ingieren más de la mitad de las calorías que una persona necesita en un día, lo que favorece el sobrepeso.
  • Grasa y colesterol. Son ingestas muy ricas en estos dos componentes, tanto por los ingredientes usados durante su elaboración, como por el tipo de aceites utilizados en la fritura de los alimentos.
  • Aditivos. La sal se utiliza habitualmente como conservante, de ahí que estos productos tengan unos altos niveles de sodio. Además, se añaden condimentos y aditivos específicos para potenciar el sabor y aumentar el apetito.

Realmente, el consumo de este tipo de dieta rápida no es un problema para la salud, siempre que su ingesta sea ocasional y no se convierta en un hábito. Es decir, cuando no sea la base de la alimentación y sustituya a una dieta equilibrada.

Debido a una mayor concienciación por parte de los clientes sobre los peligros de este tipo de comida, las grandes cadenas iniciaron hace ya unos años una campaña para aumentar la variedad de sus "cartas", a las que han ido añadiendo nuevos productos considerados como más saludables.

Así, se ha convertido en habitual encontrar junto a hamburguesas, fritos y rebozados, platos con ensaladas o preparados de frutas. Sin embargo, recientes estudios realizados en EEUU demuestran que los resultados no están siendo los esperados. La mayoría de las personas, frente al dilema de una comida sana o una comida "basura" en la caja de uno de estos restaurantes, acaba pidiendo la última. Pareciera que la presencia de frutas y verduras hiciese más apetecible pedir una hamburguesa o unas patatas fritas.

Como alternativa, se ha creado lo que se ha bautizado como Casual Food, un nuevo tipo de restaurante con un concepto que se sitúa entre la comida rápida y la informal. En ellos, se mantiene el ambiente propio de los anteriores establecimientos -caracterizado por un servicio rápido aunque incompleto, ya que no hay servicio de mesa, y con un precio asequible- pero con comidas de mayor calidad, más nutritivas y saludables.

Se han introducido, además, sabores diferentes que provienen de otras culturas como la japonesa, la tailandesa, la mejicana, etc. Algunos, incluso apuestan -sobre todo en EE.UU.- no sólo por ingredientes de calidad, sino por productos de origen ecológico (carnes, huevos, verduras…).

La Casual Food se ha convertido en la auténtica revolución de la dieta rápida para aquellos que recurren a este tipo de alimentación de forma habitual.