Un 30% de los trabajadores españoles está sufriendo o sufrirá el síndrome postvacacional al reincorporarse a la vida laboral. Además, una parte importante de ese 70% restante padecerá un cuadro de fatiga o estrés que, aunque no llegue a considerarse crisis postvacacional, sí estará directamente vinculado al cambio de estado entre esos días en los que apenas se tienen responsabilidades y aquellos en los que vuelve el orden y la rutina.

En este proceso el ambiente laboral adquiere un papel protagonista, tal y como apunta Nekane Rodríguez de Galarza, directora de Lee Hecht Harrison: “Los entornos de negatividad en el trabajo, en los que se realizan tareas repetitivas o en los que aparecen jefes poco motivadores, suelen provocar una mayor sensación de desánimo a la vuelta de vacaciones”.

Aunque no se puede trazar un perfil de trabajador concreto al que le afecte esta depresión, sí que se puede realizar una aproximación basada en sus características personales y en su entorno. En este sentido, son las personas que tienen menor tolerancia a la frustración las que son más susceptibles de caer en el síndrome postvacacional.

Del mismo modo, es más probable que padezcan este síndrome los trabajadores que tienen la oportunidad de realizar largos períodos vacacionales que aquellos cuyas vacaciones están divididas a lo largo del año. Esto se explica por la mayor desconexión del trabajo y el desarrollo de hábitos de vida diferentes durante ese tiempo. Así, “un hábito necesita 21 días para implementarse y un mes de vacaciones es tiempo más que suficiente para que una persona se acostumbre a los nuevos hábitos de vida”, tal y como señala Rodríguez de Galarza.

El entorno es otro factor crucial que influye en los trabajadores y los hace más susceptibles de padecer una depresión posterior a sus vacaciones. En esta línea, aquellos que regresan a un entorno laboral hostil, los que deben lidiar con un jefe incompetente o que no les valora y los que ya no les ilusiona su trabajo tienen altas probabilidades de contraer el síndrome postvacacional.

El principal síntoma sería la apatía, seguida por el cansancio o la falta de energía y concentración para realizar las tareas. En otras personas se puede manifestar mediante otras señales como el trastorno del sueño, el nerviosismo, el estrés o la tristeza. En casos más extremos, el trabajador afectado por el síndrome postvacacional puede experimentar ansiedad, dolor de cabeza e, incluso, malestar general.

Siendo éstos los principales síntomas del síndrome postvacacional, cada persona puede experimentar esta dolencia de una forma diferente. Lo que la caracteriza es su momento de aparición: tras un período vacacional o de descanso continuado. Pero, hay solución y es cuestión de tiempo. Está estimado que la duración habitual del síndrome es de 15 días.

Para evitar el síndrome postvacacional lo más importante es hacer que la transición de las vacaciones al trabajo sea lo más suave posible. En este sentido, cualquier medida que pueda hacer de este proceso algo paulatino y que evite el cambio brusco, será positivo.

Algunas de las medidas más efectivas en esta línea son: levantarse pronto unos días antes de reincorporarse al trabajo para que el trabajador se acostumbre con antelación a los horarios habituales, volver del lugar de vacaciones unos días antes, repartir o dividir los días de vacaciones a lo largo del verano para evitar implementar nuevos hábitos de vida durante ese tiempo e interpretar de forma positiva la vuelta a la rutina. Si se cae en el pensamiento de que el trabajo es una carga, eso puede hacer que se agudicen los síntomas del síndrome postvacacional.

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