Las personas intolerantes a la lactosa viven con preocupación situaciones tan cotidianas como ir al supermercado, actividad que se convierte en toda una carrera de obstáculos para detectar en el etiquetado la lactosa “oculta” que deben evitar si no quieren sufrir molestos síntomas digestivos.

 

Otros momentos de la vida diaria que adquieren cierta dificultad son, por ejemplo, pedir un café en un bar y que el establecimiento no disponga de leche sin lactosa u otras alternativas vegetales; no poder compartir una pizza con sus amigos viendo el futbol; o asistir a una boda o una comida de negocios y no poder probar bocado porque no está al 100% seguro que el menú esté libre de lactosa.

 

La intolerancia a la lactosa es la sintomatología provocada por una deficiencia de la lactasa, una enzima producida por el intestino delgado y encargada de la absorción de la lactosa, un tipo de azúcar presente en la leche de los mamíferos y en muchos alimentos preparados.

La deficiencia de lactasa es la deficiencia enzimática más frecuente en todo el mundo y se estima que afecta al 75% de la población. Su prevalencia varía ampliamente según la zona geográfica, con índices muy bajos en los países nórdicos europeos y que aumenta progresivamente hacia el sur de Europa, Oriente Medio, Asia y África.

 

La totalidad de los intolerantes a la lactosa responden satisfactoriamente a una dieta con ausencia de lactosa.

 

Sin embargo, no consumir lácteos en la dieta puede llevar a insuficiencia de calcio, vitamina D, Vitamina A y proteínas.

 

Por ello, los expertos coinciden en la importancia de enseñar hábitos alimentarios saludables que se adapten a su nivel de intolerancia y a leer correctamente el etiquetado de los alimentos.

Existe la creencia errónea, pero muy extendida, de que la leche de vaca es la única fuente fiable de calcio. Pero la naturaleza ofrece muchas, y muy buenas, alternativas de aporte de este nutriente a nuestra dieta, como: espinacas, acelgas, cebolla, brócoli, huevo, sardinas, salmón, besugo, gambas, almejas y mejillones,

judías y garbanzos o frutos secos, entre otros. Por ejemplo, 100 gr de almendras proporcionan 250 mg de calcio, mientras que 100ml de leche proporcionan algo menos de la mitad, 120mg.

 

Si no se quiere renunciar al sabor y a las propiedades nutritivas de la leche de vaca, desde hace unos años se pueden encontrar en el mercado variedades de leche cuya lactosa se ha eliminado o hidrolizado previamente mediante la adición de latosa, de forma parcial (“bajas en lactosa”) o total (“sin lactosa”). Una oferta que se ha complementado con productos derivados lácteos como quesos, yogures, batidos de sabores, nata, etc.

 

La importancia de un correcto diagnóstico

Existen tres tipos de intolerancia:

 

-La primaria, la más frecuente, se debe a la pérdida progresiva de la lactosa intestinal, puesto que con la edad el intestino delgado tiende a producir menos cantidad;

-La secundaria, causada por alguna patología que daña la mucosa del intestino delgado como una gastroenteritis, la enfermedad de Crohn o la intolerancia al gluten, por lo que, una vez se trata la causa primaria y se regenera la mucosa intestinal, remite.

-Y la tercera, la congénita, muy rara, que es la incapacidad completa de producir lactasa desde el nacimiento.

 

“Debido a que sus síntomas son comunes a otras enfermedades digestivas y se manifiestan de forma muy variable dependiendo de cada individuo, está infradiagnosticada o erróneamente diagnosticada, por lo que es

fundamental concienciar sobre la importancia de un correcto diagnóstico”, explica el Dr. Pedro Mora, Jefe del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitario La Paz de Madrid.

 

Actualmente, el método de diagnóstico más utilizado es el test de hidrógeno en el aliento, aunque también puede detectarse mediante test sanguíneo, biopsia del intestino delgado o el test genético.

 

“En casos severos o totales de intolerancia, si no se detecta precozmente y se diagnostica correctamente, los problemas digestivos que provoca pueden dañar la mucosa y la flora intestinal y, a largo plazo, alterar la permeabilidad intestinal, lo que a su vez puede derivar en problemas de tipo alérgico o inflamatorio, así como en estados carenciales de nutrientes esenciales para nuestro organismo”, añade.

 

Diferentes grados de intolerancia en función de cada persona y etapa de la vida

 

La gravedad de la sintomatología varía dependiendo de la cantidad de lactosa ingerida y de la tolerancia individual. Algunas personas notan molestias de forma inmediata tras consumir pequeñas cantidades de lácteos (u otros productos elaborados con lactosa), mientras otras pueden permanecer de forma asintomática toda su vida, si no sobrepasan una determinada dosis diaria.

 

El grado de intolerancia también puede variar en función de la etapa de la vida y el estado general de salud de cada persona.

Los intolerantes a la lactosa asimilan mejor los productos fermentados, como yogures y quesos, especialmente los curados, debido a que la lactosa se descompone parcial o totalmente en el proceso de fermentación por la acción de las bacterias. Sin embargo, los expertos recomiendan no bajar la guardia: en algunos casos, ésta no se elimina en su totalidad y los fabricantes pueden añadir leche fresca y otros ingredientes al final del proceso productivo para mejorar su sabor y suavidad.

 

Dependiendo de la cantidad consumida y la gravedad de la intolerancia, la intensidad de los dolores y otros síntomas será mayor o menor, pero se recomienda que los pacientes, no ingieran -bajo ningún motivo- estos alimentos antes mencionados.

 

Sin embargo, hay otras alternativas para ellos. Estas son naturales, ricas y con muchas vitaminas.

 

-Coco

La leche de coco fortalece el sistema inmunológico. Además, es rica en hierro y magnesio, por lo que previene la anemia, calambres y dolores musculares.

 

-Soja

La leche de soja es rica en proteínas. Tiene muchos ácidos grasos, libres de colesterol. También fortalece las paredes de los vasos sanguíneos y promueve la pérdida de grasa.

 

-Avena

La avena es de fácil digestión, y evita el estreñimiento porque el tracto intestinal se limpia más fácilmente. Además, estimula la producción de leticina para eliminar todos los componentes tóxicos del hígado. 

 

-Quinoa

Es un alimento sumamente nutritivo. Si nunca la has probado como bebida, recomendamos que lo hagas. Entre sus muchos beneficios destaca el índice glucémico bajo.

 

-Avellana

La leche de avellanas es una bebida rica en vitamina E, que cuenta con muchos antioxidantes. Es esencial para las mujeres embarazadas ya que es una gran dosis de ácido fólico.

 

-Almendra

La leche de almendras es ideal para las personas intolerantes a la lactosa porque hace la digestión lo menos pesada posible. Además, es buena para las personas con niveles altos de colesterol porque controla y reduce el colesterol malo. Asimismo, por la presencia de potasio, es bueno para recuperarse tras una enfermedad con vómitos o diarrea.